domingo, 4 de octubre de 2015

Desesperación Cap. III Una Desagradable Sorpresa

Muchos niños se crían solos,
¿Dónde estabas?
Cuando crecen
¡No te aman!

Por tus hijos un día mueres,
con tiempo los niños mandan,
están podridos y te odian.

Brujería–Cuiden a los niños

Otro mundo o por lo menos esa impresión dio al Profesor después de cruzar las puertas; a cuarenta o cincuenta metros de la entrada se veía una gran construcción con una visible influencia Victoriana en su fachada, situación extraña ya que dicha corriente arquitectónica no era socorrida en éste país por los arquitectos de la época en que se deducía su manufactura, se notaba una estructura de cuatro niveles escalonados rematados con una breve torre al centro,  conclusiones en forma triangular a dos aguas o sólo descendentes decorados con teja de barro rojo, ocho columnas de corte románico en lo que parecía ser mármol sosteniendo un balcón o patiecillo superior bastante amplio en su capitel, seis ventanas amplias hacia cada costado de la imponente puerta de entrada a las estancias, en cada extremo era también notable la presencia de estructuras a manera de torres de guardia y vigilancia que terminaban un nivel debajo de la aparente torre central; en el piso superior se notaba ya más de cerca que la zona vista era tan amplia que abarcaba gran parte de la construcción, pues sólo una de las ventanas alineadas enmarcaba el sitio a cada flanco. El tercer y cuarto nivel seguían el mismo patrón de alineación con seis ventanas marcando cada habitación pero no por eso demeritaban la magnificencia del edificio en su conjunto.

A decir verdad se sintió un poco intimidado por la misma casa en su fachada; llegó a la puerta de entrada subiendo tres escalones cortos, cruzando un breve espacio con una pequeña mesa circular de acero forjado en motivos campestres, un columpio del mismo material y acabado sujetado con gruesas cuerdas en una igual ancha viga de madera que en apariencia sostenía una parte del techo, la enorme puerta con vidrio esmerilado para evitar que se distinga el interior en su totalidad y una campana de bronce para llamar. Jaló el cordón y un agradable tintineo se hizo audible; momentos después vio la silueta de una persona, comenzó a escuchar el sonido de llaves agitarse al otro lado del grueso cristal y varias cerraduras desactivarse.

Una mujer robusta, con cabello un tanto castaño y cano que le pasaba la cintura en una trenza por el frente lo recibió; vestía un austero atuendo de una sola pieza en color beige, la pieza de la falda también marcaba su corte a “cinco dedos” bajo las rodillas y lo que correspondía a la zona del pecho sólo se hacía notar por el cambio de textura en la tela. Higinio calculó que la mujer tendría entre cuarenta y cincuenta años de edad, disimulados por la notable ausencia de maquillaje y la “viveza” de sus profundos ojos azules, en definitiva no era una mujer de aspecto poco agradable sí no al contrario de esto la visible austeridad de su atuendo la hacía lucir casi encantadora, sin contar con la misma mística en su tez sin excesivo maquillaje intentando disimular su edad o con intención similar… y la melódica entonación de la educada voz, el Profesor nunca había escuchado algo similar.

-Usted debe de ser el Profesor Higinio, pase por favor, lo estábamos esperando- dijo la mujer de aspecto discreto invitándolo a entrar, abriendo la puerta a plenitud y señalando con sobrada cortesía que el recién llegado ingresara -Mi nombre es Abdiel, soy el Ama de Llaves y Niñera de la familia; cualquier cosa que necesite, estaré a su servicio- mientras avanzaban dentro de la enorme y lujosa casa, ignorando el estupor de Higinio, la mujer continuó -También debo por lo menos ofrecer una disculpa ya que no pude recibirlo a su llegada a la Estación de Autobús-

-No se preocupe por eso- respondió él sin volver la mirada pues ésta se mantenía sobre los retratos en óleo que decoraban el salón -Lo importante es que ya estoy aquí-

La mujer respondió con una amplia sonrisa, la cual llamó la atención del curioso recién llegado:

-Usted disculpe mi falta de atención pero éstas pinturas son maravillosas y no pude evitar quedar embelesado-

Él podría jurar que esos retratos eran hechos por Alexandre Cabanel, Paul Baudry o alguno de Los Academicistas de mediados del siglo XIX, sólo distinguibles por ese “ligero toque” aún más siniestro y tétrico, casi oscuro.

-Disculpe usted- dijo El Profesor aún absorto en los lienzos y repitiendo la disculpa ofrecida escuchándose por demás bobo -Pero éstas pinturas me han dejado impresionado, son maravillosas-

-Es entendible, a pesar de mirarlos a diario no dejan de impresionarme- respondió la mujer a espalda del Higinio -En realidad el señor Nibas es un gran artista, mi abuela decía que desde pequeño demostró tener un talento inigualable, al punto de realizar un retrato perfecto de su madre a los ocho años de edad, es claro qué estos retratos familiares los realizó “un poco mayor”-

-Eso es indiscutible- respondió el recién llegado -Sí usted me asegurara lo contrario lo interpretaría como un insulto a mi inteligencia-

-Por favor, no interprete mal mis palabras- la mujer hizo un gesto de “tomar calma” con las manos y dio un ligero paso atrás; Higinio sólo lo vio por el rabillo del ojo -En ningún momento seria mi intención incomodarlo con algo así; me hipnotiza la creatividad del pintor, no es vulgar adulación y tampoco suspicacia hacía usted-

-No se preocupe- por extraño que pareciera en quien lo conociera de algún tiempo, sonrío y después de todo no resultaba desagradable éste gesto, ahora si volvió su atención por completo al Ama de Llaves -Necesito fumar, saldré a la pequeña mesa de la entrada ¿Puede facilitarme un cenicero?-

-No se preocupe, lo llevare a la mesa ¿Puedo ofrecerle algo de beber?-

-Sí no es mucha molestia, una taza con café no me vendría mal-

Higinio caminó sin dilación fuera de la casa y diez minutos después disfrutaba del café caliente más suculento que su paladar podía recordar acompañado de un cigarro; ni siquiera pasó por su mente la idea de fumar “otra cosa” ya que sus sensaciones se regocijaban con el recuerdo de los bellos lienzos, el sabor combinado del café y el tabaco, mezclados con la tranquilidad de estar lejos de los cuestionamientos a su personalidad y vida privada, de cualquier imposición moral.

.·.

Una vez más se encontró de aquel complejo departamental, ahora no corría por su mente aquella sensación de temor, de sentirse encerrado y perseguido, al igual que la ocasión anterior lo invadía el bien estar y la tranquilidad. Ya no tenía espacio en su vida -por lo menos onírica- la pesadumbre aterradora de “Su Realidad”.

Allí su esposa, su pareja, después de “múltiples batallas en contra de todo”. Lo que era verdad es que el carácter explosivo de ella y esos terribles ojos negros que se manifestaban cuando ella se alteraba por algún motivo continuaban perturbándole, tanto que casi le destrozaban los nervios y escuchar el inexplicable acompañamiento de las voces infantiles “salidas de la nada” no era algo fácil de asimilar pero ya comenzaba a acostumbrarse... el amor y el cariño podían superarlo todo.

Higinio se sentía viejo, un tanto cansado y se torturaba intentando recordar como había conocido a todas esas personas sin lograr recordarlo. Lo que si recordaba con claridad era que en algún momento de su vida amó con pasión a otra persona pero algo que no lograba hacer era recordar su nombre, aún menos su rostro.

-¿En qué estás pensando?- preguntó “su esposa” con no buen gesto mientras transportaba una charola con algunos trastes sucios.

-En que muchas veces no me siento “Yo”- respondió Higinio con una sonrisa de disimulo sí no de ironía o cinismo por igual disfrazado, lo que lo hacía aún más notorio.

-¿Qué quieres escuchar?- respondió ella regresando de la cocina y con la mirada baja     -¿Qué te diga que éste es “Tú infierno” y yo te custodio?-
-Sabes a la perfección que no es así- dijo Higinio para dejar su actividad y caminar hacia la mujer que tomó lugar en el sillón individual sin levantar la mirada haciendo que el cabello le cubriera los ojos.

-¿Sabes en dónde estás?- preguntó ella llevándose los brazos entre las piernas dando un aspecto sobrado de inocencia.

.·.

-¿Me acepta usted otra taza con café?- preguntó Abdiel haciendo que Higinio regresara de su pesadilla que apenas iniciaba.

-Sí me hace usted el favor- respondió entregándole la taza con un cuarto de líquido ya frio.

Abdiel sonrió complacida, tomó la taza sucia y entró de nuevo a la casa para llenar el recipiente.

El sol ya comenzaba su declive, no en demasiado tiempo conocería a sus nuevos y misteriosos “alumnos”, sin pretenderlo, tal vez por nerviosismo comenzó a tararear Totentanz de Franz Liszt. El Ama de Llaves regresó y colocó sobre la mesilla la taza con la bebida caliente.

.·.

En realidad no supo cuánto tiempo paso recociendo los inmensos salones de la casona pues incluso salir de la habitación que le había sido asignada representaba una tarea colosal; recorrer la primera planta parecía perderlo por completo entre sus muros, la misma escalera pareciera no tener fin, hecha sólo para ser ascendida por alguien no perteneciente a éste mundo y a decir verdad su arquitectura lo incomodaba bastante.

Una gran escalera en forma de “caracol” conducía a las diversas habitaciones, entre ellas la suya, en los costados se notaban las protecciones para evitar accidentes así como un pequeño elevador en el fondo del pasillo, todas las estancias que había alcanzado a discernir decoradas con retratos del estilo mencionado o copias fieles de los grandes pintores pues en algún lugar llegó a ver copias exactas de cuadros de Rubens o Pablo Picasso; pasó por su mente retorcida la idea de que dichos cuadros no fueran copias, dado el poder adquisitivo de la familia para la que trabajaba... sobre todo los supuestos nexos con sociedades criminales.

Sonó un golpeteo en su puerta seguido de la voz de Abdiel.

-Ya es hora, los niños están esperando-

.·.

Algunas horas después Higinio trataba de explicarse a sí mismo, tanto sus percepciones como las aún más extrañas reacciones y emociones que lo abordaron desde qué la Niñera llamara a su puerta, iniciando por la percepción de qué toda su habitación, duplicó su tamaño por voluntad propia incluso que ésta misma gozara de vida y voluntad, disfrutando hacerle sufrir tan sólo dar un paso, haciendo el aire tan denso que ningún aliento humano pudiese flotar sin caer pesado en la pulida tarima a la que sólo prestó atención hasta que imaginó todo aquello. Caminó hasta la puerta y abrió intentando disimular su desasosiego jurando que su aliento era plomo:

-Bien- dijo con los nervios destrozados -Vayamos con los pequeños- agregó con una sonrisa sutil pero tan falsa como todas las esbozadas durante su vida en realidad no quería ir, el pasillo que conducía a la escalera, era interminable, eterno, a cada breve paso que daba se hacía más largo y oscuro a pesar de que cada tres metros había una lámpara que iluminaba su camino, los lienzos enmarcados a los costados le parecían mirarle inquisitivos señalando que había dado su palabra y sí eso no bastara, había un papel de por medio qué aunque no estaba firmado y entregado, no debía dejarse llevar por ese tipo de emociones viscerales… a menos que Alu estuviese de por medio, sin ropa y dispuesta a todo con él.

Trataba de despejar su mente un poco y por único, logró traer aquellas fantasías acidas que sólo le resultaban gratas estando intoxicado y sometido a la voluntad del opio; fue cuando por primera vez se dio cuenta de nunca antes haberse permitido siquiera tener miedo, sentirse nervioso y más que nada eso, sentir. Era algo nuevo y por eso mismo no sabía como lidiar con ello y a pesar de todas las sensaciones nuevas, decidió enfrentarlas con la misma convicción con que fumaba Goma o esnifaba Cocaína y se sintió bien por primera vez; tal vez desde que era un niño su sonrisa no fue falsa o de prepotencia pero al ver la majestuosa escalinata con protección en el barandal su inexplicable buen ánimo se derrumbó de nuevo, eso también era nuevo y en definitiva no sabía como lidiar con algo así.

-Necesito un cigarro- pensó antes de poner un pie sobre el primer escalón y sin que se diera cuenta su respiración se agitaba cada vez más, hasta llegar al breve descanso de la estructura y miró hacia arriba, una distancia interminable pero que estaba seguro la surcaría sin darse cuenta como ésta primera mitad o en el acenso al primer nivel. Continuó avanzando intentando no demostrar su cobardía ante La Niñera y por el contrario, firmeza y seguridad de carácter pues eso debía demostrar a sus nuevos alumnos, entonces intentó desviar su mente, sus pensamientos en una serie de números que planteaban la existencia de civilizaciones inteligentes dentro de nuestra galaxia, tomando como base las especulaciones de Frank Drake partiendo de la cifra nada despreciable de cuatrocientos mil millones, agregando después muchas variantes al planteamiento surgidas de sus propias conclusiones y especulaciones, logrando su objetivo de escapar de allí -por lo menos en manera psicológica- sólo se percató de terminar de subir la escalera, entrar en alguna estancia y tomar asiento, tiempo después de realizarlo y bendijo a “La Magia de los Números”.

-¡Niños, ya es hora, salgan a recibir a su nuevo profesor!-

No fue un grito autoritario sí no una llamada a su atención con “una ligera pisca de miel” en su entonación que a Higinio le destrozó los nervios haciendo que un breve chorro de orina escapara de su cuerpo manchándole la ropa interior al mismo instante que aquel salón gigante a su percepción crecía aún más; dos puertas de madera al interior se abrían demasiado lentas en un silencio tan escandaloso que bien podía ocultar El Día-D en su interior y ningún alma percatarse de ello. Escuchó los pasos de dos personas acercarse y levantó la mirada, sólo su “auto-control” o mejor dicho su apatía, evitó que saliera corriendo de ese lugar ante lo siguiente: dos siluetas delgadas y en extremo pálidas casi al punto de poder jurar que podía ver a través de ellos de no ser por las finas prendas que los dos portaban, en efecto eran un niño y una niña que sonreían alegres pero entonces en un breve ataque de sapiencia, recordó que esto se debía a los devastadores efectos de sus padecimientos, de igual forma ambos presentaban hematomas bastante grandes en antebrazos y manos, el cabello del más grande, cabe decir más alto, estaba un tanto crecido y el de ella -dedujo que era una niña- le pasaba la cintura acomodado en una bien tejida trenza y recogido al nivel del rostro por una elegante peineta de plata, ambos de un castaño oscuro bastante peculiar; pero los ojos, esos ojos eran algo digno de recordar por no decir imposibles de olvidar, pues los ojos del niño, casi adolecente, se veían cubiertos por una telilla gris que daba el aspecto de un anciano enceguecido desde el lagrimal hasta la zona inferior del ojo… sus ojos se veían muertos por completo y los de ella con simpleza eran tan negros y vacíos que cualquiera podía caer en ese abismo para jamás esperar impactar con algo pues parecían estar tan huecos que Higinio se vio reflejado en ellos y sintió consternación, miedo de sí mismo.

-Tú debes de ser Thaumiel Nicolás- señaló al niño que parecía tener los ojos muertos -Y tú Allatou Lilu- se dirigió ahora a la niña fingiendo revisar algunas notas que estaban allí cerca.

-No tiene por qué fingir- dijo Lilu -Tal vez, sólo “tal vez” mi hermana omitió mencionar qué nosotros percibimos sus ondas cerebrales, será más cómodo para usted sí sale al baño, se asea y continuamos con ésta inútil reunión de protocolo social e intento de sesión académica-

Nicolás soltó a reír casi con escándalo, tanto que por un momento sus ojos parecían vivos por su parte La Niñera sólo abrazó a la pequeña Lilu disfrazando la risotada y mientras Higinio salía incómodo de aquella enorme habitación la pequeña niña de ojos negros preguntó al aire:

-¿Dije algo malo o inapropiado?-

.·.

Entró rápido a su habitación y lo primero que hizo fue poner algo de música a un volumen moderado; para mala fortuna su reproductor de música escupió a manera de “ruletaThe Prophets of Loss de Cattle Decapitation:

Infancia, vertientes de la advertencia,
una evolución que ignora
el inminente futuro indeterminado de maldad,
nuestras frutas fulminantes,
su brillo perdido en el éter.

Tomó una toalla para secarse y entró a darse una ducha rápida, quince minutos después caminaba apresurado al salón en donde lo esperaban los dos pálidos niños y La Niñera. No se percató de que en ningún momento le parecieron eternos la escalinata o el pasillo, lo que en realidad le interesaba era llegar pronto, así los diversos cuadros lo señalaran acusadores o la luz pareciera intermitente y demasiado blanca, tampoco haber dejado encendido su reproductor de música. Dio como aviso de su arribo tres golpes en la puerta y entró casi dándose una palmada en la frente al percatarse de que tampoco había tomado su material de trabajo.

-Disculpen ustedes el retraso- dijo Higinio una vez entrado en el salón.

-No se preocupe profesor- respondió Nicolás -Estamos acostumbrados a ese tipo de reacciones por parte de nuestros profesores el primer día, por lo regular mojan por completo su ropa interior, usted resistió más, sólo algunas gotas de orines-

Después de poner “las cosas en claro” y evaluar de manera somera el nivel de aprendizaje de los niños -evaluación somera que demostró resultados en extremo altos- inició por dar clase de Física explicando de la manera más sencilla que pudo “La Teoría de la Relatividad” de Albert Einstein, lo cual generó bastante interés, mayor en la más pequeño de los infantes, lo cual a Higinio le causó un tanto de alegría y confianza, concluyendo:

-Espero que les haya quedado clara la teoría de Einstein y en que consiste la formula E= mc2-
-No hay ningún problema- respondió la pequeña Lilu y Abdiel, miraba satisfecha en una silla un poco alejada -La Teoría General de la Relatividad nos dice que “un punto concreto no se puede distinguir de manera experimental entre un cuerpo uniforme acelerado y un campo gravitatorio, La Teoría de la Relatividad Restringida o Especial que no existe un sistema inercial de referencia privilegiado que se pueda considerar como absoluto. La velocidad de la luz en el vacío es una constante universal, C”, que es independiente del movimiento de la fuente de luz, siendo el significado de la formula, “E” energía, “M” la masa o materia y como dije, ”C”, la constante de la velocidad de la luz, todo esto elevándolo al cuadrado- 

-“E”, la energía- agregó Nicolás -En cabalidad corresponde a la velocidad de la luz que es en un aproximado de trecientos mil kilómetros por segundo y no hay nada más veloz que eso-

Higinio no pudo hacer más que sonreír satisfecho, aunque le quedaba en duda que esos niños pudieran comprender en realidad lo que estaban diciendo y lo que él tanto se había esmerado en explicar pero recordó sus primeros días como estudiante y lo aburridas que le resultaban las clases, no hablar sobre el desdén de sus profesores y compañeros al tener en clases universitarias a un niño pequeño, así que agregó:

-Niños, no dudo en ningún momento que entiendan esto, sin embargo sólo puedo decir que nunca “crean” todo lo que dicen las teorías oficiales, les pondré un ejemplo- comenzó a escribir en el pequeño pizarrón algunos nombres -Por allí de principios del Siglo XX, contemporáneo a Einstein vivía otro científico llamado Nicola Tesla, dicen que los dos se la pasaban discutiendo y Tesla planteaba muchas cosas que hacían quedar a Einstein en ridículo con sus teorías ante la comunidad científica de la época- hizo una pausa y acercó una botella con agua que estaba sobre la mesa, bebió un trago y continuó -Es un tema bastante interesante que abordaremos a profundidad después. Hace algunos años, para ser preciso en el año dos mil, otro científico llamado Lujun J. Wang realizó un experimento en el cual, la velocidad de la luz era superada trescientas diez veces, ósea un aproximado de nueve mil millones de kilómetros por segundo… después les explicaré en que consiste éste experimento, concluyendo, no tomen todas las teorías oficiales como un dogma, existen muchas situaciones similares en que esos “dogmas” establecidos son desechados con facilidad dejando como muestra que la Teoría de la Relatividad es eso, una teoría y que un hecho comprobado demuestra que es erróneo, sin embargo por alguna extraña razón, no se nos informa de esto-

.·.

Antes de que Higinio diera por terminada la clase Abdiel se puso en pie y se acercó a él para decir:

-Profesor necesito limpiar las heridas del pequeño Erlik pues hace algunos días se le ocurrió la idea de salir a “tomar el sol” en el jardín- dio un profundo suspiró y comenzó a caminar hacia una de las cinco puertas en el salón mientras concluía -Ofrezco una disculpa por mi falta de cortesía y no invitarle a comer. Terminando la clase por favor diríjanse al comedor pequeño que ésta dentro de la cocina para que coman los tres- acto seguido desapareció tras una de las ya mencionadas. Su lección siguió varias horas.

.·.

Cuando los tres llegaron al lugar indicado Abdiel ya tenía casi una hora de haber bajado y preparado los alimentos. Había cuatro juegos de cubiertos en la mesa, los dos niños tomaron asiento; olía a carne al fuego, Higinio se acercó a la niñera:

-¿Puedo colaborar en algo?- preguntó.

-No se preocupe… bueno ¿Puede servir jugo? Está en la nevera, es de Fruta de Granada, espero que usted no sea alérgico… y también que no sea vegetariano- respondió La Niñera mientras servía cuatro platos con Feijoda; de inmediato él se apresuró a realizar lo indicado.

Llego el “plato fuerte” e Higinio se desconcertó un poco al ver el tamaño de la porción, no era asiduo consumidor de la comida Brasileña pero tampoco le era desconocida        -Ésta porción puede alimentar a todo un batallón- pensó y no dijo nada pero la expresión de su rostro al ver el gigantesco Entrecot que desbordaba por los lados de su plato lo delató y mientras Abdiel le servía la guarnición en otro plato con una sonrisa burlona Lilu dijo:
-Es para que usted se lo coma Profesor, no para que la carne se lo coma a usted, ya no ésta vivo-

La sonrisa maliciosa con que acompaño la broma fue seguida de una risotada de Nicolás, mientras Abdiel se dirigió a un mueble cercano de dónde sacó una botella de vino tinto, dos copas de cristal, los llevó a la mesa  y se acercó a otro mueble de dónde sacó dos vasos de vidrio, caminó al refrigerador y sacó una jarra mediana con Clericot.

El Profesor no pudo sosegar su curiosidad y tomó la botella de vino para mirar la marca y fecha de cosecha, con una tímida y un tanto nerviosa sonrisa de sorpresa verificó que la botella era un Château Lafite-Rothschild de 1982, estuvo cerca de decir algo y declinar el “descorche”, devolvió el recipiente a la mesa en silencio pero sus cavilaciones se rompieron junto con el característico sonido de la botella y el corcho al abrirse, seguido del de el carmesí liquido contra el cristal.


Una vez más Lilu rompió el silencio y mirándolo de nuevo con una sardónica risa, luminosos ojos de abismal negrura, piel exagerada de palidez y dientes perlados, dijo:

-Es un buen vino Profesor, sólo déjelo “respirar” diez minutos-

Higinio sintió algo lacerante en su orgullo, un mezquino y descarado sarcasmo al que no podía responder… por el momento; pudo jurar que esos pequeños ojos lo miraban triunfantes, desdeñosos y burlones desde algún lugar de su lúgubre percepción.

-Disculpe Señora- se dirigió a Abdiel con un nudo en la garganta -¿Puede servirme un poco de agua mientras “respira” el vino y salgo a fumar?- sin resistir más salió al patio a encender un cigarro.

viernes, 28 de agosto de 2015

Desesperación Cap. II Alucinación Hipnogógica o “Un Mal Viaje” (Corregido)

Deseas que sea un sueño,
devora el corazón de tú esposa
y arranca su “coño” desde el interior.
Sabes que ahora es tu turno,
los otros ya están muertos.

Kreator- Rippin Corpse

-Espero ya te sientas mejor- decía la mujer que suponía era su amiga mientras ayudaba a ordenar un poco el salón de estar, mientras Higinio ingresaba a la misma estancia con una charola, dos tazas, algunos recipientes y la tetera con agua caliente.

-Sin tus atenciones y apoyo tal vez no lo hubiera logrado- respondió él con una sonrisa y colocando la charola en una mesilla de centro para verter en las tazas el agua caliente y preparar té de limón. Él sabía que no era él, eso no era real pero se sentía bien, casi integrado a éste entorno social, al hogar, al cuerpo que se encontraba en recuperación después de una larga enfermedad, sin más sustancias ajenas en la sangre que las generadas por los medicamentos ¿Qué enfermedad lo tuvo convaleciente? ¿Cuánto tiempo? No lo sabía, tampoco importaba. Se sentía bien, integrado en el mundo, enamorado y feliz ¿Ante esas emociones quien puede sentir algún desasosiego o prestar atención a contratiempos? Lo importante era que Ella no tardaría en llegar, sólo se sintió extraño al momento de percatarse que no lograba recordar su rostro, ese rostro que a pesar de todo le arrancaba una sonrisa involuntaria pero eso si, demasiado sincera -No estoy seguro de sí algún día lograré retribuir de alguna manera todo lo que has hecho por mí-

-¿En verdad eso te preocupa?- respondió ella sin volver el rostro e inclinándose un poco para acomodar los pliegues del recubrimiento de un viejo sillón -Eso tiene una solución sencilla- esa respuesta le causó a Higinio una sensación extraña y desconcertante, casi rosando el miedo pues al momento en que ella dijo esto, volviendo el rostro aún inclinada, a él le dio la impresión de que ella le mostraba de manera insinuante la figura de sus glúteos y lo peor de todo que por un momento casi imperceptible, vio los bellos ojos de la delgada mujer que no conocía en realidad, tornarse por completo en un negro abismal y el tono de voz le fue extraño, más agudo por no decir infantil, acompañado por el eco cacofónico de niños de diferentes edades repitiendo a manera de un coro sin coordinar sus palabras, él dio un paso atrás tropezando con la pequeña mesa de centro y derramando el contenido de las tazas -Debes pagar y te ayudaré- ella se incorporó en totalidad, dando un paso al frente y de manera inexplicable los bellos ojos que se oscurecieron por completo, al cambiar la perspectiva de luz adoptaban en sí, colores imposibles y vistosos: rosa, violeta, carmín…  él de algún lugar desconocido tomó fuerza para contener sus fluidos y no orinar en la ropa -Lo único que necesito es ¡Qué me dejes entrar!-

En ese momento el valor que suponía tener se desmoronó, se hizo polvo para salir corriendo de “Su Departamento”; ni en ese momento ni en ningún otro reaccionó en que nunca prestó atención a sí la cerradura del lugar estaba afianzada o sí dentro de la desesperación la abrió sin percatarse, sólo tenía una idea en mente: Huir de allí.

La sensación de consternación llegó a un punto que le era ajeno al vislumbrar de un breve vistazo todo lo que rodeaba al lugar que suponía era su hogar: edificios de varios pisos de altura en donde se suponía existían otros departamentos, igual amplios como el suyo, más abajo extensos jardines de verdes arbustos y césped bien podado. Sin cerciorarse en realidad sí “Eso” venia tras él, corrió al lugar en donde sospechaba se encontraban las escaleras que aunque estaban en el lugar supuesto, se encontraban cubiertas por un túnel de blancas paredes, tan blancas que nublaban la visión y sólo podía permitirse guiar por un firme barandal en tubo de acero, pintado en negro y sin dudar más se internó en dicho túnel sintiendo miedo y peligro pisándole los talones, aunque no tenía certeza de sí en verdad era perseguido, ni qué lo perseguía.

Por suerte logró llegar hasta el final de la escalinata sin caer, salió del edificio y continuó corriendo sin notar o prestar mayor importancia a varias personas -según él- que cruzaban por los pasillos entre jardines hasta que se detuvo un instante para tomar un respiro; una joven madre se acercó un poco pues caminaba en dirección contraria a él sujetando por la mano a una niña pequeña de aproximados cuatro o cinco años, entonces el terror y la adrenalina regresaron a su cuerpo de manera tempestiva al notar que esas personas que lo miraron desconcertadas también tenían los ojos negros, por completo inexpresivos. Escuchó una fuerte risotada tras él y un susurro taladrando sus oídos diciendo:

-Déjame entrar-

Corrió sin detenerse hasta llegar a la imaginada salida sólo encontrando un largo pasillo y al final de éste una puerta de modelo antiguo, era probable que de diseño árabe. Entonces sumido en una desesperación total escuchó de nuevo:

-Déjame entrar-

Cometió el error de volver la mirada y entonces la vio, de pie a un costado suyo y repitiendo:

-Déjame entrar-

Acompañando su petición, casi suplica con el aberrante eco risueño de las voces infantiles que terminaron por desgarrar su cordura en ese mundo, esa realidad de pesadilla.

.·.

Despertó en el asiento del autobús bañado en sudor frío y sin olor, no tenía la seguridad de cuánto tiempo había transcurrido desde su salida de la ciudad pero si que faltaba bastante para llegar a su destino, sí esa extraña pesadilla o alucinación era un mensaje de su inconsciente indicándole que dejara las drogas, redujera las dosis, iniciara contacto afectivo y directo con sus semejantes… para mantener su “lucidez” o algo similar. Lo que si fue cierto era que no mantenía intención de tomar la obra de J. G. Jung como lectura de viaje… por lo menos no junto con “pastillas para dormir” y no El Libro Rojo.

.·.

-Meister Eckhart también vio el infierno ¿Sabes lo que dijo?- comentaba el medico quiropráctico Louis a Jacob Singer en una escena de la película Jacob’s Ladder citando al filósofo dominico alemán Meister Eckhart de Hochheim -Lo único que arde en el infierno es la parte de ti que no dejas ir de tu vida. Tus recuerdos, tus vínculos, los queman todos allí. Pero no para castigarte, sí no para liberar tu alma. Así que, Eckhart concluye: sí tienes miedo de morir y te estás resistiendo, verás diablos arrancándote la vida. Pero sí estás en paz, los diablos se volverán ángeles que te liberen de la tierra. Es en la forma en que lo mires-

No entendía en realidad porque asociaba esa escena en particular con lo que ocurrió en ese momento o sí sólo era una referencia similar a todo lo que vivió una vez llegando al lugar en donde pasaría los siguientes días de pesadilla que ni relató ni estaba seguro de querer recordar. Lo que quedó bastante presente en su memoria, casi marcados con hierro al rojo vivo sobre su piel fueron los sentimientos encontrados, las sensaciones humanas de las que buscaba escapar y que no deberían tener lugar en su personalidad pero que durante esos días lo torturaron sin piedad, a tal punto de no tener certeza de sí ocurrieron en realidad, fue un juego insano de su mente o uno de esos errores en la realidad de los que tanto hablan en la incomprensible y retorcida “Teoría de Cuerdas” de la moderna Física Cuántica, buscó alguna explicación que pudiera tener cabida en la lógica -su lógica- pues dentro de su concepción de la realidad jamás la encontró a pesar de haberlo vivido en forma directa por extravagante e irreal que pudiera parecer.

.·.

Casi quince horas de viaje y el sol ya asomaba, por fortuna “gracias a las pastillas”, no le pareció tan largo el viaje pasándolo dormido y exceptuando esa pesadilla que le pareció breve, no recordaba haber soñado algo más.

Durante los más de treinta años de vida que lograba recordar no venía a su memoria un día en que se sintiera tan agotado, ni siquiera en la más ardua sesión de entrenamiento en Artes Marciales de su segunda etapa de juventud, no recordaba haber caminado una distancia tan larga y tampoco lograba concebir la idea de que en un país en supuestas vías de desarrollo -algunos incluso decían que civilizado- donde existe y abunda tanta riqueza ésta misma fuera limitada a unos cuantos pares de manos pues ese triste día pudo ver la pobreza y abuso casi miserable en que sobrevive mucha gente de lo que consideraba la “Realidad”; la supuesta Realidad Urbana en que se había desarrollado, la banalidad cruda y total que eligió para vivir, desmoronándose a sólo dos calles de distancia de la terminal de autobuses, en donde iniciaba la zona industrial:

Aunque ese lugar era un poblado pequeño gozaba de una definitiva y gran prosperidad, de igual manera se notaba la diferencia entre las zonas prosperas y la “zona del vulgo”, de la gente pobre. Recordaba de forma no agradable que para iniciar, no había ningún medio de transporte que lo condujese hasta el lugar en donde debería llegar pues quienes se encargaban de los medios de transporte daban a entender que “tenían prohibido” ir a ciertas zonas y por lo tanto debería ir caminando pues nadie en absoluto accedería a llevarlo a las “Zonas Prohibidas”.

Una pareja un tanto dispar conversaba en la esquina de una calle, eran un hombre bastante corpulento y barrigón, quien tomaba cariñoso a la mujer frente a él por la cintura y esporádico le besaba en los labios con ternura, vestía un overol para trabajo pesado bastante desgastado y sucio por su parte, la mujer varios años más joven y también más delgada, con notorias manchas blancas en el rostro o las manos, respondía a las caricias con timidez, Higinio podría  decir que con incomodidad. Cuando se escuchó un grito femenino a espalda del casual observador:

-¡Lo sabía!-
  
El repentino sonido hizo al caminante volver la mirada, una mujer de aproximados treinta años de edad también demasiado delgada y bastante encanecida, a pesar de su níveo color en la melena, era visible la juventud y a la vez tristeza en la cual se desarrollaba su existencia; a cada lágrima que escurría por su rostro se reconocía de manera casi palpable cada uno de sus pesares como los abusos, desamores y carencias. Todo fue demasiado rápido, tanto que el observador no alcanzó a reaccionar de manera adecuada al empellón que estuvo cerca de derribarlo por parte del hombre que hacía pocos instantes se besaba con una joven de manera cariñosa, llegó frente a la sollozante mujer sólo para darle dos bofetadas tan fuertes que le reventaron los labios y las salinas gotas que salían de sus ojos.

Antes de que Higinio reaccionara en lo que ocurría ya había un grupo de cuatro hombres dando una golpiza al abusivo y la agraviada uniéndose a la trifulca intentando o buscando que eso se detuviera para que no continuara el castigo sobre el individuo caído. Entonces el observador involuntario dio vuelta sobre sus talones y continuó su camino, pensando con extrañeza y visible decepción:

-¡Mujer tonta! ¿Como puede defenderlo o pedir clemencia por él cuando no han pasado ni siquiera cinco minutos de que lo encontró besándose con otra… mujer, la golpeo y le reventó los labios?-

Con las pocas emociones que suponía existían en su interior removidas, continuó su andar un tanto desganado.
  
.·.

Sólo avanzó cuatro calles algunos minutos después de la desagradable experiencia, cuando entró en la Plaza Comercial del lugar; entonces a pesar de las múltiples y visibles situaciones concernientes a la vida contemporánea, sintió en lo más profundo de su alma torturada encontrarse en el corazón de un extraño y paradójico “bucle de tiempo” en donde la vida moderna convivía en aparente tranquilidad con los vestigios visibles de los siglos XIX o XX logrando romper el límite, la frontera imaginaria de las épocas con cruzar la avenida pues tan sólo levantar la mirada se lograban observar los edificios con influencia francesa neoclásica… hasta victoriana -en algunos casos podría decirse que industrial- gigantescas y complejas estructuras en cristal y acero de estilos Noveau o Decó con antenas satelitales, comercios de comida rápida, accesorios de cómputo y múltiples aditamentos “necesarios” para la vida actual y que contrastaban con el entorno casi anacrónico.

Decidió cortar por el pasaje cercano a los vertederos y evitar contacto con la gente, cuando una vez más fue testigo de una situación desagradable y triste pero que, por alguna extraña razón, decidió tomar parte: a poca distancia entre las grandes bolsas plásticas de basura observó como un niño con ropas harapientas y sucias, de aproximados nueve o diez años de edad extraía de una bolsa negra cerrada, dibujando una gran y alegre sonrisa que fue apagada con violencia por un individuo igual de complexión delgada y pálida como Higinio, gritando de manera autoritaria y prepotente al pequeño pordiosero:

-¡Insignificante ladrón!- dijo casi en un gruñido furioso -¿Acaso ya le robas a la basura, pequeño bribón?- dio un fuerte empujón al niño haciéndolo caer de espaldas, la misma bolsa cayó al suelo dejando ver su contenido y despidiendo su aroma: comida recién preparada aún caliente y desechada debido al “Sistema reglamentario de descarte”.

El pequeño niño cayó de espaldas golpeándose la cabeza y sangrando al instante pero haciendo gala de resistencia física o una profunda costumbre a ese tipo de trato.

-Ya es basura ¿No?- respondió el pequeño casi envalentonado mientras se incorporaba sujetando su lastimada cabeza con la mano derecha y dirigiendo una mirada triste, sí no más bien desoladora al envoltorio desgarrado y la comida regada en el sucio piso.

-Si es basura pero no te pertenece…- gritó el hombre al niño levantando la mano con intención de agredir al pequeño y fue cuando Higinio intervino:

Como sí el profesor fuese un felino defendiendo a sus crías de los depredadores llegó veloz frente al agresor y a la misma velocidad casi vertiginosa lo sujetó del brazo que levantaba amenazante, torció en un movimiento de Defensa Personal con fuerza exagerada provocando una dislocación e impactó su cabeza en contra del mentón del oponente haciéndolo caer de inmediato, noqueado y con los labios deshechos, el viajero se llevó la mano a la frente, limpió con la misma un chorro de sangre de su adversario, sacudió un poco su cabello de donde cayeron dos dientes y se dirigió al niño que intentaba “rescatar” algunas piezas de comida:

-Deja eso, será mejor que nos vayamos de aquí antes de qué despierte-

.·.

Los dos varones, el adulto y el niño caminaron un poco y con el mayor disimulo que pudieron por la zona de carga, en el pequeño centro comercial consiguieron varias bolsas plásticas para reforzar el cargamento y salieron de allí, no lejos entraron a una pequeña fonda para desayunar comenzando a conversar:

-Es obvio que estabas buscando comida…- decía Higinio mientras daba un leve sorbo a su taza de café  -Supongo que no es la primera ocasión que ese “tipejo” te golpea, entonces ¿Por qué regresaste a ese lugar y tomaste el riesgo?- se reprendió a sí mismo al reaccionar en que no estaba hablando con un adulto, sí no con un niño y qué también estaba utilizando un lenguaje complicado para su interlocutor y éste podría no comprender lo que él pretendía decir.

-Pus si, no es la primera vez que ese pinche viejo me pega- el niño también hizo una pausa para dar un sonoro trago a su bebida de leche con chocolate -Pus si, sabía que sí El Ruco me veía buscando entre la basura me iba a dar unos cachetadones pero vale la pena pues hoy cumple años mi carnalita y pus como no tengo lana pa’ comprarle un regalo bonito, pensé que por lo menos le podía conseguir algo sabroso pa’ comer hoy… aunque me tocaran algunos chingadazos; las buenas sobras se consiguen después del mediodía pues es la hora en que tiran todo lo de la mañana. No le saco al trompo y sí es pa’ que mi carnalita se la pase chido hoy. No hay pedo sí me quiebran, pus total, “no se pierde mucho” y pa’ eso nacimos, nadie se va a escapar de “La Calaca”-

-No digas esas cosas- respondió el profesor -Sí algo te ocurre o tú llegas a faltar ¿Quién cuidará de tu hermana?-

-Eso es verdad- asintió el niño de manera  tímida -Bueno, no sé ni como se llama… a mí me dicen “El Mulo” pero me llamo Rómulo y ¿Usted?-

Higinio dibujó una sonrisa sin pretenderlo pues no era difícil deducir las bromas pesadas y de mal gusto que realizarían o realizan los niños un poco mayores sobre su “apodo”.

-Me llamo Higinio- respondió -Hasta donde sé, no tengo un apodo aunque casi todos me dicen Profesor o “Profe”-

Órale!- respondió el pequeño casi con emoción y los ojos más iluminados -Tons uste’ es maestro… yo no pude ir a la primaria pues hubo qué elegir entre mi carnalita o yo y pus aprovechando que se fue a la escuela, me di una escapada pa’ buscar algo pa’ cuando regrese al cantón… hoy leeremos otro capítulo de Dos Horas de Sol, dice mi carnalita que lo escribió un tipo llamado José Agustínla neta no entiendo ni madres, pero como ella me está enseñando a leer y sé que soy pendejo, mejor ni hago pedo-

Ésta ocasión Higinio sonrió de manera natural, buscó entre sus ropas la billetera, extrajo los pocos billetes que había allí -separando lo necesario para pagar la cuenta y se los dio al pequeño Rómulo.

-Es poco dinero, salí de casa limitado, discúlpame- dijo -Espero que con eso puedas comprar algo para tu hermanita- sacó de su mochila la pipa en que fumaba opio ya preparada con una bola pequeña de Goma y continuó -Tengo que apresurarme o no  llegaré a tiempo, sólo recuerda que: más tonto es el que se queda con la duda que quien levanta la mano y pregunta-

Una vez más la realidad pareció doblarse frente a él, el pequeño Rómulo lo miró desde su lado de la mesa con los ojos vacíos, ennegrecidos en su totalidad y con voz cavernosa, casi gutural dijo:

-Sé que ese libro “no es para nosotros” pues somos demasiado jóvenes, lo encontré por casualidad en un basurero de por aquí-

Haciendo gala falsa de autocontrol Higinio guardó la calma, tomó lo respectivo al pago de la cuenta de la comida y dos libros que tenía a mano dentro de su maleta colocándolos sobre la mesa para salir corriendo, sudando frío y buscando algún lugar discreto en donde fumar su droga.

.·.

Después de fumar “Su Veneno” y dos cigarros en una esquina no tan transitada, El Profesor decidió continuar su camino; aunque con trabajo, no tuvo algún episodio grave de somnolencia, falta de coordinación o encuentros con la policía, estaba nervioso pues era la primera ocasión en que se había sentido tan abrumado como para consumir La Goma en un lugar público y eso no auguraba algo bueno.

Caminó una distancia larga después de salir del pequeño poblado casi urbanizado pues se distinguían al costado de las anchas calles, casas grandes y modernas o viejas y con lujo conservadas, paisaje bastante similar al del poblado principal pero eso si, sin atisbo alguno de basura o algo similar. Una vez en esa sección del poblado, buscó la dirección en donde debería prestar sus servicios y no le resultó difícil dar con ese sitio.

Una gran y vistosa reja metálica y un muro de tamaño descomunal, presionó el botón del timbre instalado cerca de una columna a un costado de la imponente reja y escuchó la voz de una mujer mayor un tanto distorsionada proveniente de algún lugar incierto.

-Sí, diga- dijo la voz de la mujer.

-Disculpe la molestia- respondió Higinio sin estar seguro de hacía donde direccionar su voz -Soy el profesor, se supone que me estaban esperando-  

-Si, seguro… - dio la impresión de entrecortarse un poco el sonido -…de hecho, usted llega un poco tarde-se escuchó un sonoro chasquido eléctrico y la gran reja comenzó a abrirse -Pase por favor- 

viernes, 31 de julio de 2015

Desesperación Cap. I El Profesor (Corregido)

Estamos de vuelta al control,
forzarlos a rendirse.
Toma lo que es nuestro,
restaura la ley y el orden.

Sabaton- Back in Control

Higinio Jara no era la persona más sana, menos la más recta hablando en situación moral pero si con una marcada doble moral según las circunstancias… demasiado convenenciero.

Hacía ya varios años que enfocaba su vida a trabajar y los fines de semana, embriagarse y drogarse con algún opiáceo hasta perder la conciencia las noches de viernes, sábado y domingo, eludiendo la Heroína como a La Peste -tal vez, un poco perturbado por la película Necromentia- Su cuerpo ya estaba programado: todos los lunes despertaba a las cinco de la mañana para arreglarse e ir a trabajar en la prestigiada Universidad en la que impartía clases de Letras; después de ocho años nunca faltó un sólo día y había recibido diversos reconocimientos tanto por su excelente desempeño laboral, la aportación académica realizada a través de diversos ensayos y como sinodal. Todos los estudiantes a quienes había prestado asesoría ya ejercían su profesión de manera activa y sobre todo en posiciones de bastante influencia en su ramo. Él fue un joven prodigioso, a los veintidós años se había graduado con honores como Licenciado en Letras y al año siguiente ya cursaba el posgrado, sin embargo esa genialidad era opacada por su ineptitud para relacionarse con sus semejantes; había buscado apagar su soledad casi asesina en el alcohol, las drogas o cualquier otra cosa que lo estimulara o hiciera fugar de su realidad, vivía solo y sin mayor compañía que la prostituta quien lo visitaba cada dos semanas; se presentaba en su domicilio para intercambiar algunas palabras, compartir la mesa, mitigar las necesidades fisiológicas de Higinio, cobrar los honorarios correspondientes y no presentarse de nuevo hasta la fecha programada, sólo una llamada telefónica dos días antes para confirmar. Al final una vida reflejo de la monotonía y la rutina sacada en copia al carbón o como él solía llamarle al hablar respecto a eso con sus escasos allegados íntimos: “Hipotermia Emocional”.

Poco tiempo después, no hace demasiado entró un atisbo de conciencia o instinto de supervivencia en Higinio decidiendo tomar su año sabático; pensó que sus ahorros serían suficientes para sobrevivir todo ese tiempo pero después de algunos meses debido a los excesos se quedó sin dinero y comenzó a endeudarse con El Crimen Organizado. Bien o mal ese sentido de la responsabilidad y de alguna manera temor al dolor lo habían sacado a flote y veía la manera de ir solventando sus gastos, sin embargo no le alcanzaba para llevar la “vida desahogada” a la que estaba acostumbrado y aún faltaban seis meses para volver a generar ingresos de manera regular; la situación le estaba desesperando pero como siempre, el opio en sus diferentes variedades de preparación le consolaba por lo menos en forma superficial y lo hacía ver maravillas mientras iniciaban los efectos en su sistema nervioso, aunque acostumbrado a ellos no dejaban de serle gratos y hojeaba el periódico fantaseando el final de sus problemas.

Marcó con tinta roja un anuncio de periódico antes de perder la conciencia…

.·.

-No puedo atenderlo en éste momento por favor deje su número telefónico después del tono para comunicarme con usted a la brevedad- había dicho una voz femenina con acento robotizado al llamar al código numérico que había marcado, una voz tan monótona y tediosa como él mismo, tanto que por un instante se sintió atraído e identificado, algo real y extraño, más aún que le provocara alguna emoción, situación que sólo lograba manifestar y experimentar a través de las drogas, esto le hizo sumergirse un poco más en ese desagradable mar sin fin que era la soledad que lo abatía, lo más terrible era el desgano, la apatía para socializar que era gestionada por su organismo, por su cerebro y a pesar de estar consciente de ello no lograba ponerle una zancadilla, la verdad era qué ya había dejado de intentarlo hacia bastante tiempo.  

Poco rato después sonó el teléfono devolviéndole la llamada y aunque lo esperaba no prestó mayor interés; con toda la calma y sobriedad que era capaz de manifestar tomó el auricular:
-Buena tarde- dijo frío.

-Buena tarde- saludó aquella voz femenina que le había respondido la primera ocasión pero ésta vez con algo más de expresión -Disculpe usted- continuó -Hace unas horas recibí una llamada de éste número y me dejaron disponible el mismo para devolverla-

-Si, yo llamé para pedir informes sobre la oferta laboral publicada el día de ayer- respondió él  -Mi nombre es Higinio Jara, estoy a su entera disposición-

Con cierta expresión de sorpresa y a la vez de emoción en la voz, la mujer al otro lado de la línea continuó:

-¿Es usted el profesor que publicó el ensayo Las Deficiencias del Sistema Educativo Global hace algunos años?-

-Así es, el mismo- respondió Higinio con falsa modestia, la verdad era que a pesar de procurar no demostrarlo su egocentrismo se regocijaba en el reconocimiento a su trabajo lo que a la vez lo volvía desagradable al trato, enfocar éste tema al conversar con alguien no era lo más adecuado, le quedaba bastante en claro pero al igual que eludir a la soledad, resultaba casi imposible para él -La verdad es que en el transcurso desde su publicación que de hecho es mi tesis doctoral, he encontrado demasiados errores e incongruencias…-

-No lo pienso así- fue la respuesta que marcaba un punto de reflexión sobre la intención de iniciar un debate y por tanto dio un cambio radical a la misma con obvia intención de centrarse en el tema que la incitaba a llamar pero sin romper la cordialidad -Pero bueno… con saber quien llama es más que suficiente para mí y sí está dispuesto a viajar el trabajo es suyo, tome en cuenta que la propiedad en la que debe realizar sus actividades no se encuentra dentro de la ciudad-

-Supongo que necesito vacaciones- respondió con aire de ironía -No tengo problema con eso, tomé un año sabático y aún me restan algunos meses, supongo que estos le servirán de apoyo para encontrar a alguien que continúe con las actividades de manera regular-
-Me parece bien- dijo la mujer -Sólo hay algunas cosas que debo aclarar, por principio deduzco que la paga le es atractiva sí no, no me hubiera llamado- se hizo notar una ligera sonrisa disfrazada -Y la otra, estará a cargo de tres niños de siete, once y trece años, son miembros de una familia rica y respetable de la cual también me congratulo en pertenecer, el problema es que como muchas familias de abolengo, al momento de “Conservar La Sangre” de manera tan férrea, ocurren problemas con algunos “Productos” conforme avanzan las generaciones y pues éste es uno de esos casos…- se interrumpió un momento como pretendiendo buscar las palabras adecuadas para no alarmar a su interlocutor pero ese silencio resultó de sobra.

-No se preocupe, eso no me perturba, además tampoco me son desconocidas éstas situaciones-

-No lo comento por dudar de su profesionalismo y vocación, sí no por evitar provocarle un sobresalto-

-¿Qué pueden tener? Deformidades, extremidades mal logradas, retraso mental…- pensó Higinio -Nada de lo que me sorprenda y no logre “sortear”-

-Que bien- continuó la mujer -Seré concreta, ellos tres padecen hemofilia y por tanto, sus hábitos son en forma mayor nocturnos para evitar lesiones, sí le es familiar la historia genética de “La Realeza”- dijo esto haciendo un sutil énfasis en su entonación                -Encontrar éste tipo de padecimientos le resultara familiar, como ejemplo pondré el de El Zarévich Alejo Romanov de Rusia y…-

-No se preocupe, no es necesario que me dé explicaciones- la interrumpió para que la interlocutora no sintiera su intimidad invadida, sin embargo esto no fue suficiente y la mujer continuó:

-Entiendo- complementó -El otro punto que me gustaría manifestar es que ellos son de los niños llamados de manera errónea y horrenda BEKS… aunque éste término puede resultar demasiado “fantástico”, bien puede ser una mutación de Aniridia-

-La escucho- a pesar de la interrupción y su objetivo obvio que inútil, no escatimó en el morbo o curiosidad provocada al escuchar éstas palabras y de las cuales no conocía ni un poco del significado, dejó que la mujer al otro lado de la línea continuara.

-Black Eyed Kids…- dijo en un inglés de excelente pronunciación interrumpiéndose un momento al terminar la frase -Niños de Ojos Negros, aunque en Nicolás, el mayor se ha notado una disminución del “pigmento” que provoca ésta extraña característica, conforme se hace mayor los ojos se le han aclarado tomando una tonalidad un tanto gris o mejor dicho, opaca… permitiendo notar las pupilas-

-No se preocupe- respondió Higinio con total seguridad -Sabiendo ese “pequeño” detalle me doy por satisfecho y a la vez me siento seguro de poder lidiar con ello sin mayores contratiempos-

-Excelente- respondió su interlocutora -Me basta con eso, entonces lo veo el día de mañana a las cuatro de la tarde en la cafetería de la terminal de autobuses, yo lo abordaré… por cierto, lleve varias mudas de ropa y sus suministros personales-

Sin más terminó la conversación y a pesar de que faltaban muchas horas para la cita Higinio se apresuró en los preparativos, llevando como prioridad varias cajetillas de cigarros, la computadora portátil, algunas pastillas “para dormir”, goma de opio, un dispositivo para fumarla y dio un aviso especial a sus acreedores, de los cuales sobra mencionar la dureza en el trato a sus deudores cuando existe retraso en los pagos.

.·.

Pasó el tiempo del acuerdo y cinco minutos antes de la cita Higinio ya estaba presente en el lugar de reunión ocupando mesa y bebiendo una taza de café bastante cargado.

Cuando el reloj marcó la hora exacta de la cita alguien llamó su atención tocándole el hombro y lo más extraño era que por un momento su libido revivió, ninguna toxina se manifestó en su persona; al momento en que superó el nivel al que se posaban aquellos senos generosos y perfectos, pasando al esbelto cuello, sobre todo a la mirada tierna y limpia, se esfumó rápida cualquier manifestación de hormonas activas, contagiándose de esa paz inigualable que sólo experimentaba intoxicado o al orgasmo con su visitante quincenal pero sin la en algunos momentos, desagradable sensación de embriaguez o rigidez muscular -tampoco la “invasión” a su espacio personal-

-Buena tarde Profesor- dijo la mujer, ese acento tranquilo que el día anterior le había generado empatía… y con esa figura -difícil que celestial pues era la máxima expresión de la tentación a pesar de la manera discreta de sus prendas- se rompía cualquier formalismo innecesario, sin embargo la respuesta fue la típica a las costumbres externas del conservador Higinio.

-Me gustaría responder de la misma manera pero antes de continuar me gustaría conocer su nombre de ser posible-

Una sonrisa sutil y a la vez coqueta se interpuso ante la sobriedad de Higinio, la joven mujer tomó asiento al frente de él y sin mayor etiqueta colocó un bolso de mano sobre la mesa, llamó al mesero, encargó una bebida suave y extrajo algunos documentos, él pidió otro café y una botella con agua de un litro y medio para el viaje.

-Está bien…- respondió ella sin siquiera intentar ocultar su decepción -Antes que nada permítame ofrecerle una disculpa, éste tipo de momentos es en los que intento ser yo misma y busco dejar los formalismos absurdos de mí entorno laboral a un lado pero veo que usted no es la persona adecuada con quien pueda realizar estas breves “picardías juveniles”, una vez más reitero mí disculpa- un leve rubor de bochorno se hizo manifiesto en aquel rostro prestándole un leve matiz infantil.

Un silencio incomodo se hizo alrededor de esa mesa por fortuna llegó quien los atendía trayendo consigo la bebida de la mujer, impregnando el ambiente con un dulce aroma a frutas, instantes suficientes para permitir al torpe Higinio intentar corregir su falta de cortesía:

-Quien debe ofrecer disculpas soy yo- dijo él -Por la formalidad que como usted manifestó, resulta absurda y de la cual a éstas alturas me es difícil deshacerme, le pido un poco de comprensión ante la situación, esto es debido al entorno en el cual me desenvuelvo, al final esperaba que nuestra conversación inicial girara alrededor de acuerdos laborales y monetarios, a lo mismo se debe la falta de soltura y cordialidad en mis palabras… ofrezco una disculpa también para mis maneras pero como usted puede notar, son cosas que tengo arraigadas desde el seno materno-

-… Y sólo convives con el resto de la humanidad para solventar tus necesidades- complementó la bella mujer.

-¿Es tan obvio?- fue la sarcástica respuesta aunque dicho tono no fue intencional si bastante mordaz, ante lo cual recibió una sonrisa.

-No me es ajena la situación que lo atañe- dijo la sensual mujer -Mi nombre es Alouqua Cisneros, Doctora Alu para quienes son mis allegados y gente de mayor confianza o familiaridad-

Higinio le extendió la mano con el dorso hacia abajo y la palma mirando arriba, saludo al que ella respondió con cordialidad.

-Es un placer Doctora-

-Igual para mí- sonrió con una gracia y confianza casi desmedida -Llámame Alu y háblame de “Tu”, utilizar formalismos con personas de mi edad o más jóvenes me resulta incómodo-

Higinio no pudo evitar soltar una risotada, situación extraña en él.

-Está bien “Alu”, así lo haré… por cierto, tienes un nombre bastante peculiar-

-Si, no es algo de lo que éste agradecida con mis padres pero tampoco hubiera estado en posición de opinar o elegir-

-Te comprendo, tampoco mi nombre es de lo más “común”, creativo o… bonito a diferencia del tuyo, incluso en su “diminutivo” se escucha bien”-

-¿Por qué lo dices?-
-No tengo palabras para explicarlo en éste momento pero su significado podría resultar un tanto “incomodo” de ser común-

-¿A qué o cual te refieres?-

-A tú nombre-

-Lo comprendo, independiente de que sea un tanto agraciada a gente versada en demonología o teología, incluso mitología podría resultarle perturbador- Alu dio un sorbo a su infusión -No es algo de lo que me sienta dichosa, mis padres eran bastante excéntricos por lo que logré notar-

-¿Ya no “están aquí”?-

-No, fallecieron hace algunos años en un accidente automovilístico-

-Me uno al luto… sí aún pasas por el-

-No te preocupes por eso, me dejaron demasiadas cosas más importantes como para pensar en ellos, aparte de que nunca entablamos una relación familiar real-

-¿Como qué?-

-Mis hermanos… por suerte yo no salí con algún defecto genético, mis padres eran primos en primer grado, sin embargo la genética de mi familia ya está bastante “desgastada”… cambiemos de tema ¿En qué banco, a qué nombre y número se realizara la transacción?- Higinio otorgó los datos solicitados y Alu realizó la transacción desde su moderno teléfono celular -Olvidaba decirte, tú deuda con La Mafia ya fue saldada, no tienes más de que preocuparte-

El rostro de Higinio se descompuso tanto por la sorpresa como por ver desenmascarado su oscuro secreto sobre la adicción a las drogas.

-¿Pensabas qué solicitaría o permitiría que “cualquier cualquiera” cuidara de mí familia sin investigarlo antes?-

Higinio no respondió, estaba concentrado en hacer a su rostro regresar a la forma habitual.

-No te preocupes- continuó ella -No es una situación que me cause conflicto ¿Piensas que después de vivir rodeada de incesto y moralidad retorcida, haber elegido la profesión de psiquiatría y pasar por lo menos ocho horas diarias rodeada de enfermos mentales durante los últimos siete años, es algo extraño y fuera de mí concepción? No me insultes, todos tenemos “Esqueletos guardados en el armario”- sonrió con dulzura, lo que a él le relajó los nervios.

-En verdad Alu, lo último que quisiera es hacerte sentir incomoda- respondió Higinio con el rostro enrojecido y pleno de desconcierto -Pero debido a los tabúes cotidianos aún más en mi entorno laboral, se considera inapropiado que se ingieran drogas recreativas fuera de alcohol, café y tabaco-

-No te preocupes, no son tus hábitos “cuestionables” lo que me interesa, sí no tu capacidad pedagógica; tampoco pretendía incomodarte y sé que sería una pérdida de tiempo pedirte que los omitas-

-Aun así lo hare dentro de mis posibilidades por el bienestar de esos niños-

-Confío en ti-

-No te decepcionaré… y lo de “Mi deuda” espero sea descontado de mis honorarios-

-Ya te lo comenté, ésta saldado y no hay mayor problema, en realidad estabas “Comprando” con familiares míos, fue fácil rastrear tus antecedentes, ellos trafican con el opio ya preparado, lo introducen al continente-

Higinio por primera vez esbozó una sonrisa que era a todas luces nerviosa.

-No sé qué me perturba más, sí tu belleza peculiar o saber que estoy tratando con familiares de La Mafia en éste país-

Alu sonrió de nuevo y mientras extraía el contrato laboral del bolso dijo:

-Déjate de galanteos, no es apropiado hacerlos en una estación de autobús en medio de asuntos laborales, aparte de que tú viaje está por salir, en el camino puedes leer el contrato, yo me quedaré, aún tengo asuntos pendientes, no hay nadie que te recoja en la terminal y lleve a la casa para presentarte con los niños e instalarte… de algún tiempo atrás a hoy escasea nuestro personal,  tendrás que caminar ¡Que tengas buen camino!-

.·.


El viaje aunque largo, resultó sin mayores contratiempos más que la ruptura con la rutina de Higinio, lo cual se hizo llevadero gracias a un par de “Pastillas Azules” las cuales ya estaban comenzando a resultar ineficaces debido a la obvia asimilación de sustancias activas y por lo que era necesario para él doblar la dosis. En el camino y en “El Viaje”, no pudo evitar soñar “más de lo debido” con la Doctora Alu para Higinio no sólo era una mujer de exagerada belleza a su percepción, algo que sobrepasaba su ideal estético femenino con las prominentes curvas y el cabello corto y castaño claro, casi rojo -situación que enmascaró con disimulo notable- sí no que su sonrisa y el leve destello que emitían los ojos al cerrarse lo habían cautivado más allá de cualquier lógica. Al sumergirse en su fantasía decidió desviar su atención del bello rostro y deleitarse más con “otras cosas” pero todo regresaba al mismo lugar como un sueño repetitivo, un deja vu que no le permitía desviarse más que un poco pues bien podía sumergirse por instantes en ese par de senos grandes y firmes o entre el par de muslos y glúteos que habían revivido por un momento su escasa libido de la cual ya había olvidado su existencia y a la que había recurrido por compromiso para justificar su encuentro casual de cada dos semanas. Se decepcionó de sí mismo al darse cuenta de que ni en pleno sopor podía concentrar su atención en cosas más “llamativas” y que dicho estado nunca lo había sumergido más allá; al final, lo conducía a un efecto de relajación exacerbado sin perder nunca el sentido de idealización que se había marcado desde que comenzó la necesidad obligada del apareamiento en cualquier persona de físico saludable.  Ese ligero trance terminó poco antes de llegar a la terminal de autobuses pero no despertó, sin recordar como en pequeños destellos lo acontecido en esa realidad onírica.