lunes, 7 de mayo de 2018

Una disculpa por la tardanza, pero ahora sí, ya esta el libro a la venta en https://kdp.amazon.com/es_ES/bookshelf?ref_=TN_bs&language=es_ES De igual forma, si quieren el texto en formato físico, pónganse en contacto directo conmigo al correo electrónico por favor: javiermankind@gmail.com
     Gracias.

viernes, 14 de julio de 2017

Soñando Paz

No quiero ya dejar de soñar,
no puedo ya olvidar la verdad,
quedarme con él,
llegar hasta el  fin y volver.

El violín del diablo, sonata del mal,
canción en segunda desde el más haya.
No quiero olvidar y perder,
llegar hasta el fin y volver.

Mago de Oz- El Violín del Diablo

     Hace algunas noches, no sabría decir cuántas, el cielo lloraba aterrorizado y ante la furia de la tormenta me zambullí en mi interior buscando refugiarme del frío torrente de agua helada que del otrora cielo azul manaba.

     Y así, sumergido en mis adentros, tal vez hablé conmigo mismo, tal vez con lo que bastantes llaman Dios pues no pocos grandes filósofos y hombres de fe presumen haberlo encontrado en la austera soledad de una ermita; no sé tampoco y sé que nunca tendré la certeza de sí sólo era aquel Maestro Secreto que reside en la conciencia del cual hablan Las Doctrinas Herméticas o algún demonio personal que con certeza tenaz realizaba su trabajo con regocijo, trayendo del pasado angustias, pesares y tormentos tan atroces que ni la ciencia, ni la magia de mi mente profanada han logrado purgar. No sé de qué manera nombrarlo. Aún después de vislumbrar con claridad los oscuros reinos de lo oculto y experimentar con las ciencias de la Goetia y la Necromancia, no lo conocí por nombre pero algo verídico y seguro es que su imponente presencia jamás había encarado, ni su poderosa y a la vez melódica voz, mi corazón había estrujado. De haber sido un Dios benévolo, en tan terribles torturas nunca me habría envuelto, hablándome de amor, aquella fuerza olvidada motivo del movimiento del universo, deformada con crueldad por el hombre. Fuerza creadora de vida que para mí no ha sido más que un pesado grillete, el origen de todos mis males.

     Dios o demonio innombrable me hizo encarar los pecados y errores por los cuales la vida se había convertido para mí en algo tan gris como las nubes que desataban sus relámpagos con furia desmedida contra la tierra en aquella lúgubre noche. Me obligó a recordar con terror atroz, la ternura y la paz divina que mis verdaderos amores en esta vida otorgaban a mí ser en un alimento del alma mutuo y una gélida noche, gracias a mi egoísmo, pasión desatada, crueldad llena de soberbia e intolerante rencor, descansaba plácida cobijada en otros brazos y ese Dios me hizo ver al fruto de mi simiente llamando de manera amorosa al hombre que ahora le cuidaba y guiaba sus pasos con ternura. El amor de ambas personas al que yo me había negado.

     Hubo más pesar y dolor cuando me vi a mí mismo recostado en un rígido camastro, sumergido en un letargo químico, imaginando otros paraísos en donde la pena fuera menos intensa, pero Él me tomó con suavidad de una mano y me invitó a ponerme en pie a lo cual con sumisión accedí. Contemplé con mis dilatadas pupilas como aquella mujer por quien llegué al límite de mis acciones y emociones, disfrutaba de su vida, ahora asegurada entre prosperidad material y reconocimiento social, compartiendo el colchón vacío de sentimientos mutuos con otros hombres, los cuales la tomaban como un trofeo a la soberbia y ella misma se otorgaba ese lugar; entonces sometido por el dolor del corazón convertido en añicos, deseé con todo mi ser que cada orgasmo que experimentara su hermoso cuerpo, fuera mil y una millones de veces más intenso, placentero y glorioso que el que yo experimenté la última vez que compartí su lecho pues amor nunca más recibiría a plenitud, coartado por la soberbia, el miedo o la voluptuosidad del deseo. Lloré como un niño de orfanato, abandonado de todo aquello que alguna vez me había invitado a vivir. Dando la espalda ante la abominable visión intenté cantar para dispersar los terribles recuerdos. En un desgarrador y quebrado hilo de voz, de mi corazón salieron unos versos que recuerdo con tormentosa claridad:

Resistir más esto que me mata,
el sonido ausente de tu voz,
las ruinas de mi corazón sin calma,
ocho son las condenas de mi alma.

Lujuria desatada por tú cuerpo,
sufriendo cada noche que no te tengo.
A solas imaginando tú figura,
no logro sosegar tan infame amargura.

Gula, por tus labios devorado,
nunca saciando el hambre infinita,
de tus mieles dulces para mí prohibidas,
no sé a quién, ahora prometidas.

Avaricia, pues te quiero sólo para mí,
para jamás dejarte ir de mi lado,
por qué sí tu amor no es mío,
¡Mejor muerto, no podré soportarlo!

Pereza o más bien cansancio,
pues mis ganas de luchar se agotaron,
no recibiendo más respuesta que reclamos,
reproches o desaires he ganado.

Vanidad deformada,

mirando en un cristal manchado,

el reflejo de un alma torturada,

despreció de falsa moral sembrada.


 Ira y furia me consumen.
¿Acaso no merezco más que tu perfume?
¿Es castigo cruel y despiadado
para mantenerme a tus pies suplicante?

Envidia malsana,
de aquellos que sin saber de condiciones,
tú alma mantienen resguardada
y yo, esperando tan sólo asomes.

Soberbia mía que no pienso abandonar,
llámame cuando de mi dependas,
pues ni hoy ni nunca encontraras quien,
como yo, te quiera.

     Corrí a través de ese mundo de recuerdos infernales, cuyo pesar me hacía sentir como el más corrupto de los sucesores de San Pedro o un violador de infantes que había tomado como víctima al reflejo inocente, tierno y desgraciado de sí mismo, en una dimensión donde el tiempo y el espacio se alteraban para dar forma a un mundo aún más cruel en la superficie de mi conciencia. Puesto que aquella doncella inmaculada por la cual ofrendé mi vida en una cruzada imposible contra las penurias de la existencia, a mis ojos, en ese momento de dantesca lucidez, no era más que una simple mortal.

     Entonces la indefinible entidad que guiaba mis pasos a través de mi mente perturbada por infames recuerdos, sonrió satisfecha al contemplar mi rostro deformado por la angustia y la pena. En ese momento lo definí sólo como “Él”.

     Si, era un Dios, no cabía duda en mí, era el mismo ser que guió la diáspora según El Antiguo Testamento: celoso, rencoroso, vengativo y cruel; me susurró al oído:

     -¡Bien lo tienes merecido!-

     Era verdad, el costo a pagar por dejarme vencer en tiempos anteriores por el amor y la pasión que en el fondo sabía jamás me correspondería pues siempre se había cimentado en la ambigüedad de una utilidad no recíproca.

     Continuamos caminando por ese universo creado por el tormento de mi mente enajenada por los recuerdos ingratos, las drogas médicas y ese Dios de aspecto indefinible avanzaba un paso delante de mí tomándome de la mano. Yo lo seguía como un niño bajo la buena guía de su padre; entonces las negras brumas que lo cubrían todo se hicieron girones en la nada, ese Dios, creado tal vez por mi conciencia, me susurró al oído con voz cadenciosa, melódica y dulce en un ligero aire de ironía burlona, sí no más bien, disfraz de una cruel risotada:

     -¡Aquí comienza el verdadero pesar!-

     Abrí los ojos sudando frío, continuaba la lluvia torrencial afuera de mi habitación y sólo cubrí mi pudor con un hilacho de algodón; tomé del buró una hoja de afilado acero que había prevenido en caso de que el dolor del alma fuese insoportable, con la esperanza y la certeza  de que la desgarradora caricia del frío acero sobre mi piel menguaría un poco, sólo un poco el terrible dolor, pero no fue así:

     Al otro lado del cristal, bajo la torrencial y gélida lluvia, una esbelta silueta de cabellos negros y ojos deslumbrantes de amor y ternura, sollozaba y lamentaba su dolor en soledad. Corrí hacia ella para cobijarla entre mis brazos y besarla de pies a cabeza intentando consolar tan sólo un poco su infame sufrimiento. Él me permitió dirigirme hacia ella pero las puertas de mi habitación no cedieron ante mis osados esfuerzos, golpeé los cristales y mis manos se rompieron en crujidos perturbadores más nunca cedió la fragilidad del lugar por donde el sol me saluda cada amanecer.

     Lloré de impotencia y tristeza al ver a la esbelta musa de quien pendía la liberación de mi soledad, llorar desconsolada y de igual manera que yo desgarraba su piel, esperando que en la sangre vertida escapara el veneno que también infectaba su corazón.

En una noche de enero
caía la tempestad de un sueño,
un sueño que mitigaba
el frio de ese crudo invierno.

Encerrado en un cuarto blanco,
recostado en un mullido camastro
y a mi lado, envuelto en llanto,
un ángel que en mis oscuras fantasías,
admiraba sin recato.

El veneno aún corría por mis venas
y en las de esa divina entidad,
el dolor de una pena,
tal vez la pérdida
del cielo de dónde provenía.

Sus hermosas alas,
blancas como nieve pura,
que algún demonio, tal vez interno,
sin piedad le había arrancado.

Y buscando consolarlo,
viéndolo encarnado en mujer,
a ella me acerque animado.

Siendo un hombre pecador
mentira sería negar
que desde ese momento,
en mi mente, a la lujuria sometida.

La desnudé y la besé
en cada rincón de su sagrado ser,
ni un sólo cabello suyo
escapó de mi lascivo tacto.

Y en mi volátil imaginación,
la hice mía, una y otra vez,
sin respeto a su santa condición,
ni de su delgado cuerpo compasión.

Con trabajosa ternura
la tomé entre mis brazos
y al final de la fantasía,
no pude hacer más
que ofrecerle un poco de agua.

Eso me valió su favor,
situación que jamás podrá ser pagada,
al igual que un atisbo de fe
pues sí El Creador no existiera,

A mis brazos nunca hubiera enviado,
aunque tiempo haya pasado,
a ese ángel encarnado en mujer
cuyos besos saben a miel.

Con un tacto tan suave
como las nubes, de las cuales,
por un error infame,
cayó en éste infierno,
donde el amor es desconsuelo.

Ahora sólo deseó,
tener la astucia de Luzbel,
para no dejarla regresar al cielo
y como Lilith, construir un paraíso
para ese ángel por error caído.

     Desesperado corté mis brazos, piernas y rostro, manos y torso pero la puerta cerrada no cedía sólo un poco, ni los cristales ante mis puños destrozados y ese Dios, sonriente ante mi pesar jugaba entre sus lánguidos dedos con la llave de la puerta que me separaba de la anhelada paz.

    Desperté bañado en sudor helado, con los ojos anegados de salinas lágrimas que mezclaban su diamantino brillo con el líquido carmesí que manaba de los surcos creados por mis zarpas ennegrecidas, transformándose en acuosos rubíes. Una vez más fui confinado entre los muros de una casa de locura; la esbelta y tierna Venus de cabellos negros que en su glorioso tormento subió en sincretismo al inmaculado altar de Ishtar me visita de vez en cuando al igual que mi angustiada familia biológica. Mientras tanto espero salir un día de ésta prisión disfrazada de sanatorio, sólo un día, para que una vez más Él, ese Dios, me lleve de la mano a otro sueño tormentoso y nunca más, me permita despertar.

miércoles, 14 de junio de 2017

Dreaming Peace

I don't want to stop dreaming anymore,
I can't forget the truth,
I stay with him,
get to the end and come back.

The violin of devil, sonata of evil,
song in second from the most beech.
I don't want to forget and lose,
get to the end and come back.

Mägo de Oz- The Violin of Devil

     Few nights ago, I could not say how many, the sky cried terrified and in the fury of the storm I plunged into myself seeking refuge from the cold torrent of icy water that the sky was flowing. And so, immersed in myself, maybe spoke to myself, perhaps what many call God as not a few great philosophers and men of faith presumed to have found in the austere solitude of a hermitage; I do not know either and I know that I will not ever have the certainty of being just that Secret Master residing in the consciousness of which talk The Hermetic Doctrines or some personal demon who with stubborn certainty did his work with rejoicing, bringing from the past anguish, sorrow and torment so atrocious that neither the science nor the magic of my desecrated mind have managed to purge. I do not know how to name it. Even discerning the dark realms of the occult and experimenting with the sciences of Goetia1 and Necromancy2 I did not know him by name but something true and certain is that his imposing presence had not ever faced, neither his powerful and yet melodic voice, my heart had squeezed. If I had been a benevolent God, in so terrible tortures
to me  I would not ever have been involved, speaking of love, that forgotten force motive of the movement of the universe, deformed with cruelty by mankind. Life-creating force that for me has been nothing but a heavy shackle, the source of all my evils.

     God or unnamable demon make me face the sins and mistakes by which life had become for me in something as gray as the clouds that unleashed its lightning with unrestrained fury against the earth on that dreary night. Forced me to remember with dreadful terror, the tenderness and divine peace that my true love in this life gave me how a food of the soul in a cold night, thanks to my selfishness, passion unleashed, cruelty full of pride and intolerant rancor, rested placid, sheltered him in other arms and that God made me see the fruit of my seed lovingly calling the man who now took care of she and guided her steps with tenderness. The love of two people whom I had rejected.

     There was more sorrow and pain when I found myself leaning on a stiff bed, submerged in a chemical lethargy, imagining other paradises where the grief was less intense but He, gentle took me by one hand and invited me to stand up an follow him, I do accept with submission. I contemplated with my dilated pupils like that woman by whom I reached the limit of my actions and emotions, enjoyed her life, now secured between material prosperity and social recognition, sharing the mattress empty of mutual feelings with other men, who took her as a pride trophy and herself was granted that place; then subdued by the pain of the heart turned into pieces, I wished with all my being that every orgasm that experienced her beautiful body, was a thousand and a million times more intense, pleasant and glorious than the one experienced the last time I shared her bed for make the love would not ever again receive fullness, coarsened by pride, fear or the voluptuousness of desire. I cried like a child of an orphanage, abandoned of everything that had once invited me to live. Turning my back on the abominable vision, I tried to sing to disperse the terrible memories. In a heartbreaking and broken thread of voice, from my heart came verses that I remember with stormy clarity:

Resist more this that kills me,
the absent sound of your voice,
the ruins of my heart without calm,
this are the condemnations of my soul.

Lust unleashed by your body,
suffering every night that I don't have you.
Alone imagining your figure,
I can't quench such infamous sadness.

Gluttony, by your lips I was devoured,
not ever quenching the infinite hunger,
of your sweet honeys for me forbidden,
I don't know to who, now promised.

Greed, because I want you just for me,
to not ever let you go of my side,
because if your love is not mine,
Better dead, I cannot stand it!

Sloth or rather tired,
because my desire to fight was exhausted,
not receiving more response than complaints,
reproaches or disappointments I’ve won.

Vanity deformed,
looking at a dirty glass,
the reflection of a tortured soul,
despised of fake morality sown.

Fury and wrath consumed me.
I don't deserve more than your redolence?
It's a merciless and cruel punishment
to keep me at your feet pleading?

Envy sick,
of those who without knowing conditions,
your soul keeps sheltered
and I, waiting to see your beautiful face.

Pride mine that I will not abandon,
call me when you depend on me,
because today and not ever
you will find who, like I, loves you.

     I ran through this world of infernal memories, the grief of which made me feel as the most corrupt of Saint Peter successors or an infant rapist who had taken as a victim at the innocent, tender and unhappy reflection of himself in a dimension where time and space were altered to shape an even more cruel world on the surface of my consciousness. Cause this immaculate maiden to than I offer my life in an impossible crusade against the hardships of life, to my eyes, at that moment of dantesque lucidity, it was nothing more than a simple mortal.

     Then the indefinable entity that guided my steps through my mind disturbed by infamous memories, smiled satisfied as I looked at my face distorted by anguish and grief. At that time I defined it just as "He".

     Yes, was a God, there was no doubt in me, the same being who guided the diaspora according to The Old Testament: jealous, spiteful, vindictive and cruel; He whispered in my ear:

-Well you do have deserved!-

     It was true, the cost that I have to be paid for letting me overcome in former times for the love and passion that I knew would not correspond me, because it had ever been based on the ambiguity of a non-reciprocal utility.

     We continued walking through that universe created by the torment of my mind alienated by the ungrateful memories, the medical drugs and that God of indefinable aspect stepped forward in front of me taking me by the hand. I followed him like a child under the good guidance of his father; then the black mists that covered everything became shred in the nothing. This God, perhaps created by my conscience, whispered of my ear in a soft, melodic, sweet voice with a faint air of mocking irony, if not rather, a disguise of a cruel horselaugh:

-Here begins the true sorrow!-

     I opened my eyes in a cold sweat, the torrential rain continued out of my room and I covered just my modesty with a cotton piece; I took from the bureau a blade of sharp steel that I had warned in case of the soul pain was unbearable, with the hope and certainty that the heartbreaking caress of the cold steel on my skin would wane a little, just a little the terrible pain... but it was not like that:

     On the other side of the glass, beneath the torrential and icy rain, a slender silhouette of black hair and dazzling eyes of love and tenderness, sobbed and mourned her pain in solitude. I ran to her to take her in my arms and kiss her from head to foot trying to comfort just a little her infamous suffering. He allowed me to go to her but the doors of my room did not give in to my daring efforts, I hit the windows and broke my hands in disturbing squeaks but not ever gave up down the fragility of the place for where the sun greets me every morning.
     
     I cried with impotence and sadness to see the slender muse of the liberation of my loneliness, to cry disconsolate and was tearing her own skin hoping that the poison that was infecting her heart would escape.

On a January night
fell the tempest of a dream,
a dream that mitigated
the cold of a winter raw.

Bounded in a white room,
lying in a soft bunk
and beside me, wrapped in tears,
an angel that in my darkest fantasies,
unabashed I admired her.

The venom still ran through my veins
and in those of that divine entity,
the pain of a penalty maybe the lost,
from the sky where came from.

Her beauty wings,
white as pure snow,
that some demon, perhaps internal,
merciless has ripped off.

And seeking to comfort her,
to seeing embodied in woman,
animated, I approach.

Being a sinful man
lie would if deny
that from this moment,
In my mind, to lust subjugated.

I stripped and kissed her
in every corner of her sacred being,
not one of her hair,
escape of my lascivious touch.

And in my volatile imagination,
I made her mine, again and again,
without respect to her holy condition,
nor of her thin body of compassion.

With laborious tenderness
I took her in my arms
and at the end of the fantasy,
I could not do more
offer her some water.

That earned me her favor,
situation that not ever can be paid,
just like a glimpse of faith
for if the Creator did not exist,

To my arms not ever sent her,
although time has passed,
that angel incarnated in woman,
whose kisses taste to honey.
  
With such a soft touch
like the clouds of which,
for an infamous error,
fell into this hell,
where love is grief.

Now I just want,
have the cunning of Luzbel
to not let her go back to heaven
and like Lilith, build a paradise
for that angel by a mistake fallen.

     Desperate I cut my arms, legs and face, hands and chest but the closed door did not give up just a little, nor the in the windows crystals before my fists shattered and that damned God, smiling before my regret and pain played in his languid fingers with the key of the door that I separated me from the longed for peace.

     I woke up in a cold sweat, my eyes flooded with saline tears that mingled their diamond drops with the crimson liquid that flowed from the furrows created by my blackened claws, turning into watery rubies. Once again I was confined within the walls of a house of madness; The slender and tender Venus with black hair that in its glorious torment rose in syncretism to the immaculate Ishtar3 shrine visits me time to time as well as my anguished biological family. Meanwhile I hope to leave one day of this prison disguised as sanatorium, just one day, so that once again, that God, take me by the hand to another stormy dream and not ever again, allow me to wake up.
 _____
1.- Goetia or Goëtia (Medieval Latin; anglicised as goety /ˈɡoʊ.ᵻti/) is a practice that includes the conjuration of demons, specifically the ones summoned by the Biblical figure, King Solomon. The use of the term in English largely derives from the 17th-century grimoire The Lesser Key of Solomon, which features an Ars Goetia as its first section. It contains descriptions of the evocation, or "calling out", of seventy-two demons, famously edited by Aleister Crowley in 1904 as The Book of the Goetia of Solomon the King. Goetic Theurgy, another practice described in the Lesser Key of Solomon, is similar to the book's description of Goetia, but is used to invoke aerial spirits.
2.- Necromancy (/ˈnɛkrəˌmænsi, -roʊ-/) is a supposed practice of magic involving communication with the deceased – either by summoning their spirit as an apparition or raising them bodily – for the purpose of divination, imparting the means to foretell future events or discover hidden knowledge, to bring someone back from the dead, or to use the deceased as a weapon, as the term may sometimes be used in a more general sense to refer to black magic or witchcraft. The word "necromancy" is adapted from Late Latin necromantia, itself borrowed from post-Classical Greek νεκρομαντεία (nekromanteía), a compound of Ancient Greek νεκρός (nekrós), "dead body", and μαντεία (manteía), "divination by means of"; this compound form was first used by Origen of Alexandria in the 3rd century AD. The Classical Greek term was ἡ νέκυια (nekyia), from the episode of the Odyssey in which Odysseus visits the realm of the dead and νεκρομαντεία in Hellenistic Greek, rendered as necromantīa in Latin, and as necromancy in 17th-century English.
3- Ishtar was the Mesopotamian goddess of love, beauty, sex, desire, fertility, war, combat, and political power, the East Semitic (Akkadian, Assyrian and Babylonian) counterpart to the Sumerian Inanna, and a cognate of the Northwest Semitic goddess Astarte and the Armenian goddess Astghik. Ishtar was an important deity in Mesopotamian religion from around 3500 BCE until its gradual decline between the 1st and 5th centuries CE with the spread of Christianity. Ishtar is primary symbols were the lion and the eight-pointed star. She was associated with the planet Venus and subsumed many. Important aspects of her character and her cult from the earlier Sumerian goddess Inanna. Nonetheless, she was different from her predecessor in several notable ways. The Babylonian version of the story of her descent into the Underworld is similar to the Sumerian version, but also contains several notable divergences. For instance, her assistant in the story is the male god Papsukkal rather than the female Sumerian Ninshubur. In the standard Akkadian version of the Epic of Gilgamesh, Ishtar is portrayed as a spoiled and hot-headed femme fatale who unleashes the Bull of Heaven, resulting in the death of Enkidu and Gilgamesh rejects his demand that he become her consort. This stands in sharp contrast with Inanna's radically different portrayal in the earlier Sumerian epic of Gilgamesh, Enkidu, and the Netherworld. Although various publications have claimed that Ishtar name is the root behind the modern English word Easter, reputable linguists have unanimously rejected these putative etymologies as entirely false.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Sanguijuela III: Angustia y Sangre (Parte 1)

Noche de pasión calienta el viento,
luna llena que ilumina el firmamento,
solo tú y yo en ésta gran inmensidad
y el sonido del silencio en el camino,
una tenue luz me hace soñar.

Focos negros que sonríen muy contentos,
abro una ventana a la eternidad
y el eco de tu voz alegra mi alma,
por eso y por muchas, otras tantas cosas,
yo sé que nunca, yo, te dejaré de amar.

Javier Batiz-La Primera Noche

Iniciar éste escrito con una maldición no es lo adecuado por ese motivo me las he ingeniado para comenzar con otras palabras y una vez logrado expresar esa inquietud, pienso hacerlo:

¡Maldición!

En ese momento fue una sensación reconfortante admitir tanto mis defectos de carácter así como las inconsistencias en la espiritualidad abandonada; ha sido difícil aunque en gran parte me hayan ayudado a sobrevivir todos estos años, también es difícil -en otro contexto- darme cuenta que he estado tan ensimismado en las cosas superficiales de mí existencia sobrenatural -término que queda en duda- En verdad que el paso del tiempo me es indiferente, sólo destacable por algunas situaciones importantes dentro de la historia de mí país y que por desgracia me tocó “la suerte” de presenciar -por lo menos las que se produjeron por la noche- De igual manera, soy como un buitre que presiente la muerte y acecha su comida antes de que ésta muera. Un simple y vulgar carroñero.

Más desagradable y desdichado es el acto de sentirme atraído a lugares en donde se gesta la muerte biológica de alguna o algunas personas y sienta cargo de consciencia, cuando en realidad bebo la sangre de gente viva y no de cadáveres, aunque hay algunos que sólo están o estaban robando oxígeno a más seres vivos. 

Duele, duele con horror el acto en sí, el hecho es inconcebible hasta para mí a pesar de estar y haber sobrevivido -sí existiera el término “Sobre-Existido” sería más correcto- en éste estado por más de cuarenta años.

¿Llorar? ¡Los hombres no lloran! 

Por lo menos eso me enseñaron mis padres y conforme pasan los años sobre mí, me doy cuenta de que todas éstas costumbres, “tradiciones” y dogmas sociales, cada día son menos aplicables… de facto, nunca lo fueron; crecí con esas ideas marcadas a fuego en cada rincón de mí personalidad y cada uno de esos dogmas a los que me aferré para “sobrevivir” se van sumergiendo en la mezquindad total, no por el acto de desecharlos por voluntad, sí no por ir perdiendo practicidad real, sí es que alguna vez la tuvieron.

No presumo de ser un individuo vanguardista, ya no. 

.·.

El 3 de octubre de 1921 se creó la Secretaría de Educación Pública para cumplir con los postulados del Artículo Tercero Constitucional y proveer a la población de una educación gratuita, laica y obligatoria. El responsable de éste proyecto fue el Lic. José Vasconcelos Calderón, quien asumió la titularidad de esa Secretaría el 12 de octubre de dicho año; por ese entonces, yo no prestaba demasiada atención a lo que se desarrollaba en la política del país, consideré más prudente -en ese entonces- dedicarme al buen desarrollo y crecimiento de la hacienda familiar, sobre todo al “correcto progreso y evolución” de mí espiritualidad, mermada por los años de juventud en burdeles y bebiendo destilados caseros.

No mostré interés, aunque tampoco ignoraba éstas situaciones. Como ya relaté en otras páginas, aún no era un cadáver parasitario, sólo un “joven” depravado, hipócrita, asesino, egoísta y vicioso, estaba por enrolarme con Los Caballeros, aumentando mi fortuna y cosas diversas… por demasiado que estuviera en contra de mantener en México un “Estado Laico”; la verdad es que me enfoqué más en el aumento de los bienes materiales, mí existencia dio un giro inesperado poco tiempo después, pero eso ya lo expliqué y sería repetir la misma historia, así que regresemos al contexto:


Durante los últimos años de esa década -años 60 del siglo XX- me sentía casi emocionado y a la vez agitado, como todo el mundo durante esos años. La Guerra en Vietnam, plenitud de La Guerra Fría, la situación de los misiles rusos en Cuba, movimientos estudiantiles en todos lados pero en particular en Francia, es obvio que en Estados Unidos y lo más importante, aquí, en México.

Estoy cerca de cumplir 115 años como Muerto en Vida y no presumo de ello, más allá de lo “romántico” que pueda parecer vivir por toda la eternidad, no envejecer y toda la acumulación de esos beneficios que desde hace algunos años se han hecho populares. Si, los bienes materiales casi llegan por sí solos, si, no envejezco, si a bastantes cosas más pero a excepción del conocimiento y la experiencia, sólo estar consciente de que para sobrevivir necesitar matar es incómodo para mí mismo, pues a pesar de todo, sigo siendo un individuo… o eso quiero pensar; ésta situación es verdad que se asimila con velocidad pero te endurece aún más el ínfimo resquicio de alma que queda en ti, en algunas ocasiones llegas a disfrutarlo. Torturar las emociones de tus víctimas, incluso el físico, haciéndoles “creer” que hay esperanza para ellos, más tomando en cuenta mis antecedentes y reitero, no me siento, ni sentí orgulloso de ello después de cumplir quince primaveras pero esa parte humana que repruebo por completo, continuaba provocando satisfacción ante dichas situaciones, supongo que era algo similar a intentar dejar la adicción al tabaco moderno para un mortal. Ya me había mudado a vivir en una vieja casona cerca de El Palacio Negro, no era el máximo lujo pero me otorgaba comodidad y cercanía a un lugar con alimento disponible; por lo menos para mí, no era ya tan inaccesible esa prisión, ni la seguridad del mismo lugar tan ineludible como presumen ahora, pues yo entraba y salía de allí “como sí fuera mi casa”, por las mismas condiciones y naturaleza del lugar tampoco se extrañaba a nadie, ni era sobresaliente un cadáver nuevo cada tercer día. Pero algo cierto es que ese lugar fue una sucursal de El Infierno. 

.·.

Una cosa que no mencioné y es importante para mí aún hoy por todo lo que representa y representó en su tiempo, continúa siendo la única “cosa” que ha hecho mis emociones exaltarse en realidad, la voz inigualable e incomparable de La Bruja Cósmica Janis Joplin pues en sus canciones, en su voz, encontré lo más parecido a un reflejo y empatía con el género humano; en su trabajo me identifiqué. Tal vez debido a lo “desgarrado” de su voz o la cruda y fría manifestación incuestionable de la realidad -sólo en forma emocional- Por medio de su sonido logró llevarme o más bien, traerme de regreso a esa humanidad que hacía varios años decidí hacer a un lado.

Hoy veo con tristeza, en lugar de manejar poesía en la música -en eso consiste la idea de incluir una voz- es tendencia actual recurrir al sexo explícito en lugar del erotismo... puedo mencionar mil detalles y ejemplos pero sé que es inútil, sabiendo que éste documento no saldrá a luz y sí ocurre, quienes lo lean no lo verán de ésta manera, más bien como algo cotidiano, hasta cursi o ridículo, nada de qué alarmarse. 

.·.

Esos años, ya a finales de esa década, me di “el lujo” de socializar un poco, supongo que influenciado por la corriente social, El Flower Power estaba aquí y puedo decir que a mí, independiente a la condición en que sostenía mi existencia, me contagió esa manifestación de alegría al disfrutar vivir… o existir, la añoranza de libertad... en forma bastante esporádica visitaba a varios conocidos en los represivos lugares que originaron los legendarios “Hoyos Fonky” o en los alrededores de alguna escuela. Pero esa alegría injustificada era opacada las noches de “antojo” en que salía de mi refugio para acechar toda la noche a mi presa en turno, asustándole y llevando su sistema nervioso al colapso para que la sangre tomara un “sabor especial” a la hora de ingerirla.

Mi refugio no se encontraba lejos, tal vez nueve o diez calles, bastante cerca de lo que sería después El Parque Recreativo Francisco I. Madero, era la madrugada del 3 de octubre de 1968. La Ciudad se encontraba bajo una atmósfera extraña, demasiado lúgubre y no era para menos pues hasta hoy se sigue recordando la infame tarde del día anterior y espero tome un valor real el lema “2 de Octubre no se Olvida”. 

Eran ya las tres de la madrugada del día 3 de Octubre y ajeno a lo que ocurría en la urbe, me mantenía oculto en las sombras como el depredador nocturno que ya era, esperando ver tarde o temprano a alguna jovencita trasnochada caminando a casa pero no había jóvenes en la calle, sí no familias enteras buscando parientes y a la vez, patrullas e incluso camiones militares recorriendo calles y avenidas. Aún desconocía el motivo de esa alteración del ambiente, ésta ciudad nunca gozó de algo que pudiéramos llamar “alegría”, en los barrios populares aún menos, teniendo un lugar tan tenebroso y horrible en las inmediaciones, en definitiva, El Palacio Negro de Lecumberri aún hoy contagia su atmósfera lúgubre, incluso a varios kilómetros de distancia desde su fundación hasta estos días, ya haciendo bastantes años que es El Archivo General de la Nación pero que a toda persona sensible que circule por allí le abordarán una serie de escalofríos injustificados. La muerte estaba en el aire. En algún momento puedo asegurar que vi a una mujer joven, demasiado blanca y delgada -mejor decir pálida- como la toma de una vieja fotografía o película en “blanco y negro”, con dicho tonó de piel resaltado por lo que parecía ser maquillaje, vestida de igual negro caminando por la calle, con el oscuro ropaje asimilando -o parodiando- los estilos de moda o uso recurrente entre los jóvenes, un vistoso Ânkh en plata colgando del cuello sujetado por cordones y hablando con varios espectros o dirigiendo su atención a la prisión con gesto de prisa, angustia y congoja. Quiero suponer que era la Muerte misma o algo bastante similar pues esa noche y las cuatro siguientes, las espectros de las Putas que me acechaban cada queda, no aparecieron y siguen sin querer hablar de lo ocurrido con ellas durante esas turbias noches. 
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Desistí a intentar mantenerme oculto como el cazador urbano y experimentado que ya era en ese entonces debido a la concurrencia de gente en las calles pero no por eso me alejé de las zonas oscuras, ya fuera por costumbre o instinto, entre esas breves “escapadas”, vi a otra jovencita correr a una sombra provocada por un gran edificio, era notable que ocultándose de una patrulla policíaca que venía varios metros atrás.

Sin dudarlo y también con el hambre acosándome, caminé rápido hacia ella con disimulo, se veía cansada y bastante lastimada pues no fue gran esfuerzo alcanzarla y revisar con agilidad la situación, encontrar el momento adecuado para atacar y devorarla sin provocar un sufrimiento o agitación excesiva; a esas alturas, ya no me interesaba tanto satisfacer mi sadismo, necesitaba alimentarme pero no llegaba todavía el momento límite de perder el control. Entonces le miré el rostro y casi decido dar la vuelta sobre mis pies, no por temor o algo parecido, sí no por todo lo que me transmitió al sólo al cruzar su mirada con la mía:

Era una mujer que tenía diez y ocho años con exageración, también bastante delgada pero de piel morena, un tanto seca, deshidratada, casi gris; se notaban visibles varios golpes en el rostro y brazos, así como desgarraduras en la ropa y una mochila rota, vacía pero que a pesar de ya ser un utensilio de utilidad obsoleta, se mostraba con claridad apegada a ésta y también un par de zapatos bastante desgatados por el uso diario, a leguas hacía notar su cuna sencilla remarcada por la condición en que la encontré. Contrariando la aparente intención de ocultarse, se acomodó al pie de un poste de luz varias calles fuera del barullo suscitado en avenidas principales y comenzó a llorar en silencio, el mayor que se podía permitir en su condición. Por algunos instantes me dio la impresión de escuchar más que el susurro del viento mezclado con el andar de los escasos peatones o autos policiales rondando la zona, incluso camiones ya fueran de volteo u otra tarea, no eran tal, sí no el susurro de un cazador acechando a su presa y no, no era yo… parecía que tal vez los murmullos podían originarse en las cloacas o los muros que soportaban por obligación a su atroz vecino de panóptica arquitectura.

Por extraño que parezca, aún más para mí mismo, logré someter el hambre no humana y conmovido por aquella escena, me hice visible saliendo de entre las sombras de las construcciones y acerqué a la joven mujer. 

El tiempo sigue en movimiento,
mis amigos se han ido,
yo sigo en movimiento
pero nunca encuentro la salida.

Iniciaba en una radio perdida entre las casas aledañas, a una hora no adecuada para escuchar “Ese tipo de ruido infernal” -decía la gente remilgada de aquel entonces- con la transmisión de Kozmic Blues de Janis Joplin:

-¿Qué ocurre niña, como te puedo ayudar?- pregunté en voz alta mientras cruzaba la contra esquina para no acercarme de manera abrupta.

Sólo levantó la cara y me miró con tristeza, más remarcada y conmovedora por su silencio; en sus ojos vi reflejado todo lo vivido esa tarde, tomando un lugar protagónico bengalas, sangre, balas, dolor, guantes blancos y más muertos que los menos de treinta aceptados de manera oficial. Escuché en el cielo pasar varias avionetas con sobrecarga pero no presté mayor atención ya que se encontraban demasiado lejos y me era imposible dar un vistazo; sólo atiné a sentarme en la acera a un lado de la joven y abrazarla para intentar consolarla, tranquilizarla un poco. Intento recordar lo que vi en sus ojos sólo logrando evocar las palabras ya citadas, no puedo decir más por la poca salud mental que queda en mí y por respeto a su memoria… y la de los caídos esa tarde. Todo reflejado en sus ojos plagados de ternura, tristeza, añoranza, más dolor, angustia y desesperación; mostrándome reflejado en su brillo las carencias de su entorno, sin más alimento que algún pan rancio y agua con enfermedades letales, desde una simple gripe hasta el extraño “Mal de Orina” y sobre todo su padecimiento, extraño para su tiempo no tan lejano, incluso en la época actual: Cáncer en la Sangre, de manera adecuada llamado Leucemia o mejor decir, Leucemia Aguda Mieloblastica, lo que de manera desagradable explicaba su desgarbada y opaca complexión así como los remarcados moretones. 

-Pequeña- dije con la voz más cálida y serena que pude -Ya terminó, éstas a salvo-

-¿Por qué no morí, por qué fui yo quien logró escapar?- me respondió sin mirarme mientras sorbía los fluidos en su nariz, por casualidad yo portaba un pañuelo en el bolsillo y se lo pasé, ella sólo extendió el brazo para recibirlo, sin devolverme siquiera una mirada continuó -Gracias… No sé quién es usted pero supongo que me entregara a la policía… no quiero siquiera ver el rosto de quien me dejara en las garras de esos cerdos-

-Éstas equivocada- respondí -Conmigo estás a salvo, nadie te dañará, mi casa no está lejos, allí puedes resguardarte hasta que todo se tranquilice-

Entonces me devolvió la mirada diciendo:

-No sé quién es usted y tampoco tendría forma de pagarle éste gesto-

-No te preocupes por eso, ponte en píe y camina a mi lado como sí fueras mí pareja para evitar la atención de las patrullas-

Le ayudé a incorporarse y comenzamos a caminar hacia mi refugio diurno sin contratiempos.

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Cuando llegamos a mi “refugio” lo primero que hice fue encender el radio y escupiendo las bocinas a Mamas and the Papas, estas cosas siempre llegan tarde aquí y en ese tiempo me resultaba confortante la censura, ya que esto se transmitían a horas en que nadie podía escucharlas y prestarles atención.

Cuando la luna esté en la séptima casa
y Júpiter se alinee con Marte,
la paz guiara a los planetas
y el amor dirigirá las estrellas.

Tal vez ésta melodía reflejaba la absoluta necesidad de cambio y sentir de los jóvenes de aquella década ya legendaria, tanto que sus himnos -ruido infernal le llamaban- continúan haciéndose eco, más de cincuenta años después.