viernes, 27 de enero de 2012

LIGEIA MODERNA

¡Fue increíble!
Definitivamente,
sí no hubiera estado allí,
no lo creería.

Lo escuchó, lo sintió…

Nunca imagino,
que bajo esa figura perfecta
de rostro angelical,
existiese tal vitalidad,
pasión, poder y fuerza.

¿Qué quieres?

Preguntó no muy convencido,
duda y vergüenza lo embargaban,
de dolor y tristeza se embriagaba,

Entonces escuchó,
con fuerza, tal vez soberbia:

¡Cobarde, trastornado,
egoísta, petulante, hipócrita,
ignorante y fementido!

Recordó las benditas noches de cordura,
cuando sus complejos ascendían al cielo
                                                        [en espiral,
al calor de una taza de café y un cigarrillo,
dando sabor a su alma amarga,

Cubierta por esas grises brumas,
que de la mente, el fulgor apagan,
negras nubes que del sol,
la luz empañan,

Donde en los valles
la hierba se marchita,
y en su ausencia perpetua,
el corazón grita:
¡Sálvame!

Meditando frente a las estrellas,
que cual cristal, frágil y limpio,
desvelan sus misterios.

Secretos que silban,
en una tormenta perjura,
sobre la gnosis adversa,
de un enamorado acervo.

Maldiciendo amores falsos,
bendiciendo sus mieles otro tanto,
recordando la silueta de su cuerpo,
complacido y humillado,
ya que esa vida él no comparte.

Grises nubes que la cordura apagan,
en su olvido, el corazón cercenan,
y de los ojos congelados,
finos diamantes riega.

Silenciosa cazadora urbana,
nocturna coleccionista de pieles…
De dulces néctares y mieles,
las manos llenas,

Antes manchadas,
con sangre marchita, muerta,
tomando sólo un poco…

Pero teniendo en cuenta,
que ni en la muerte,
la felicidad es eterna.

¡Fue increíble!
Definitivamente,
sí él no hubiera estado allí,
no lo creería.

Lo escucho, lo sintió…
Pero lo último, en verdad,
¡Si le dolió!

Y aun hoy se pregunta:
¿Qué quieres?

Y sin pena, logra responderse:

El carácter de mi amada, su raro saber,
su belleza singular y sin embargo, plácida.

¡La penetrante y cautivadora elocuencia de su voz,
profunda y musical!

Que se abrió camino en mi corazón,
con pasos tan constantes, tan cautelosos,
que me pasaron inadvertidos e ignorados.


¿Ahora,
quien se atreverá a preguntarle:
“Que quieres”?

Con convicción titánica,
él asegura en líneas ajenas,
de el creador de Tamerlane que:

Nunca advirtió su aparición,
de no ser por la amada música de su dulce voz,
cuando posaba su mano marmórea sobre su hombro.

Ninguna mujer igualó la belleza de su rostro.
Es el esplendor de un sueño de opio,
una visión aérea y arrebatadora,
más extrañamente divina…

Sin embargo, sus facciones,
no tienen esa regularidad,
que falsamente nos han enseñado a adorar…


Al final, palabras de un borracho,
“Embriagado de Dolor”,
que suplicante, pide a El Cuervo de la Media Noche,
tenerla en sus brazos alguna vez,

Y burlón,
El Cuervo no responde:
“Nunca más”,
sí no ¿Qué quieres?

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